sábado, 16 de junio de 2018

7.9 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / el intercambio.

El auténtico rey de Tripemes frente a la leyenda viva del Errante. Ambos se conocen lo suficiente para no andar jugando con el otro. ¿O no?



-Anteriormente:
«–¡Te recuerdo que no estás en posición de exigir nada! –Le gritó levantado mostrándole su puño cerrado.
–¿Y quién de tus fieles va a impedirlo, necio?
No necesitó desenfundar ninguna katana. Frente al reto todos se echaron hacia atrás intentado confundirse con los muros del salón.»

Resignado al ver que su farol no había dado resultado Miklos se volvió a sentar en su trono.
–Sólo te lo diré una vez. Me darás ahora la redoma, o te la arrancaré de tu mano muerta.
–¿Te refieres a ésta? –Le preguntó mostrándole un pequeño frasco de cristal azul–. Como antes has dicho, teníamos un trato –le recordó balanceando el frasco entre los dedos–. ¿Dónde está el libro?
Con un rápido movimiento –que hizo que varios ladrones tropezaran entre ellos al saltar hacia atrás– abrió su bolsa y de ella sacó un libro encuadernado con una piel parda.
–Aquí –le indicó mostrándoselo.
Con un fino gesto Miklos indicó a un asesino situado a su derecha que se acercara a recogerlo.
–¡No! –Su voz retumbó y el asesino se detuvo asustado incapaz de continuar.
–Ven tú a por él –le dijo sonriendo.
Miklos estaba perplejo. Nunca nadie le había ordenado nada. Bueno, tampoco nunca nadie había irrumpido en su “fortaleza” –ni siquiera la Legión–, ni resistido sus ataques. Estaba perdiendo todo crédito y corría el riesgo de perder el mando de sus “tropas”.
–¡Levanta! Y no olvides el frasco.
Cuando antes se acabara mucho mejor, ya pondría orden en sus filas más tarde. Quizás tendría que cortar dos o tres, o veinte cabezas, pero volvería a tener de nuevo el mando y el poder.
Se levantó.
Lentamente se acercó al Errante.
–De acuerdo. Lo haremos a la vez; tú me das el libro y yo te doy este frasquito –le dijo balanceándolo delante de sus narices.
Vángar no digo nada. Con su mano derecha acercó un poco el libro a Miklos al tiempo que él le imitaba con la redoma.
El intercambio se realizó sin problemas.
Alegre, casi brincando, se acercó a su trono y se dejó caer sobre él.
–Sólo una pregunta: ¿Cómo lo conseguiste?
–Léelo. Está escrito en él, todo está escrito. Sólo has de pedírselo –y si Vángar sonrió nadie se percató de ello.
Miklos sonreía mientras acariciaba el lomo de la cubierta.
–¿Cómo consiguió el Errante el libro del Oráculo de Lotos?
El libro se abrió y las páginas se pasaron solas. Al detenerse Miklos pudo observar como éstas estaban en blanco.
–Vaya –observó frustrado.
En el libro las letras empezaron a aparecer como escritas por la invisible pluma de un espíritu escriba.
–¡Oh! –Exclamó asombrado–. El Errante detuvo su montura a las puertas de la Torre de Lotos, hogar del Oráculo de Lotos, en Tierra Seca –comenzó a leer en voz alta.
«Una voz bramó en el cielo: “¿Qué vas a sacrificar?”, preguntó. El Errante negó tal sacrificio y ordenó que se abriera la puerta.
»Los gigantes de piedra, antes meras estatuas decorativas, se convirtieron en carne al tiempo que rompían su inactividad. Bajaron de su pedestal entablando batalla con el Errante. Pese a la evidente desventaja numérica el Errante venció con facilidad a los gigantes y entró en la torre.
»Subió por su larga escalera de caracol sin encontrar oposición alguna y llegó a la cámara del oráculo.
»”Vengo a por el libro”, le avisó al anciano. “Lo sé. Cógelo, no te lo impediré”, le contestó el oráculo sin siquiera levantarse de su silla. 
»El Errante cogió el libro y se fue de la habitación sin oír como el oráculo le daba las gracias.
–¿Por qué te tenía que dar las gracias? –Preguntó Miklos extrañado.
Mas el libro contestó por él.
Una extraña e invisible fuerza empezó a succionar la sangre de todos los presentes, excepto de Vángar y de Miklos. Les salía de la nariz, de los labios. Los ojos estallaban para dejar escapar chorros rojos que caían violentamente en el suelo. Se escapaba por las uñas, se abrieron todos los poros y la sangre manaba de los cuerpos para deslizarse sobre el suelo hacia el trono.
La sangre se detuvo debajo del libro sostenido por temblorosas manos. Formó una columna para elevarse y ser absorbida por el lomo y sus páginas.
–¡Tú! ¡Lo sabías! –Le acusó al Errante.
–Sí.
Vángar alzó su mano derecha y un portal azul apareció junto a él. La fatiga le atacó instantáneamente obligándole a tambalearse para atravesar el portal.
Al otro lado unas manos fuertes, al mismo tiempo que delicadas, sujetaron a Vángar cuando trastabillaba por el césped.
Vángar levantó la vista: Una amazona le sujetaba mientras susurraba amables palabras.
–Aquí está –le dijo mostrándole el frasco–. Lo he conseguido.
Las tinieblas nublaron su vista y lo último que alcanzó oír fue el grito de la amazona llamando a su reina.

sábado, 9 de junio de 2018

7.8 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / Teníamos un trato.

Tripemes es lo peor. Y de lo peor de lo peor está el inframundo. 



Las botas del Errante pisaban los secos charcos de sangre de los legionarios que decoraban morbosamente el pavimento del inframundo. Como era habitual nadie se preocupó de limpiar las pordioseras calles plenas de inmundicias y desechos. Los cadáveres descompuestos se amontonaban en los oscuros callejones confundiéndose legionarios y guardias del virrey con ladrones, asesinos y víctimas de los habituales atracos de la zona.
Pero Vángar caminaba con paso seguro, sus dos espadas enfundadas mostraban un claro desprecio por el clandestino ejército de Miklos. Su mano diestra sujetaba la correa de su petate que colgaba sobre su hombro derecho. En su mano izquierda portaba las cabezas degolladas de los tres asaltantes en señal de advertencia.
Al principio nadie se percató de su presencia pero conforme se adentraba en el estrecho laberinto de callejones la gente se empezaba a asomar por las ventanas de sus casuchas. La gente en la calle se apartaba de su paso, ladrones y asesinos por igual, buscando en sus corazones una chispa de valor para enfrentarse a él.
–No podemos fallar –susurró una voz en las alturas.
–Fallaremos –murmuraba otra sentenciando.
–No. Desde aquí no.
Sin detener su paso Vángar les miró directamente. Dos arqueros se encontraban en una de las múltiples pasarelas de madera y cuerdas que unían unas casas con otras.
–Nos ha oído.
–Imposible –les oyó decir el Errante.
Con un gesto de su dedo índice de su mano derecha Vángar les indicó que no lo intentaran. Ellos se apartaron de la barandilla de cuerdas mientras el Errante continuaba su camino permitiéndose una sonrisa.
Llegó un momento en el que la escoria del inframundo se agolpaba para verle pasar. Andando por un estrecho pasillo humano el Errante llegó a una gran plaza.
No había fuente ni estatua alguna, simplemente un suelo empedrado que servía como antesala a la “fortaleza” de Miklos. En la puerta de esta “fortaleza” –una simple casa de madera de tres pisos de altura– un enorme guardián vigilaba el paso. Desnudo de cintura para arriba, vestía un amplio pantalón y decenas de colgantes dorados. Su piel de ébano le confundía en la oscuridad pero el brillo del acero desnudo de su alfanje delataba su posición e intenciones.
Con su medio metro más de altura y el doble de hombro a hombro el vigilante se posó justo delante del Errante blandiendo con escasa convicción su pesada arma.
El Errante le observó fijamente con su ojo descubierto.
–Aparta –le ordenó y su voz parecía fuego del auténtico Inframundo.
Y todo resto de valor desapareció en el vigilante de ébano. Un sudor frío le recorrió la frente y cayó por su espalda. Su espada pesaba mil veces más de lo que nunca hubo pesado. Recordó el día que la empuñó por primera vez. El día que Miklos le contrató. Las veces que tuvo que usar su alfanje cumpliendo su deber. Su pulso falló y la espada cayó. 
Con resignación se hizo a un lado para dejarle paso.
Una flecha sesgó el aire clavándose en la yugular del guardián. 
Un arquero en uno de los ventanales preparaba la siguiente flecha. 
El guardián cayó entre gorgoteos delante de Vángar.
Otra flecha voló directa a él.
La mano diestra de Vángar la interceptó en el aire y con un rápido movimiento se la clavó en el ojo izquierdo del arquero que cayó sonoramente en el empedrado suelo.
El Errante anduvo por encima de los dos nuevos cadáveres y abrió la puerta con una sonora patada.
La puerta daba acceso directo al salón. Éste ocupaba las dos primeras plantas. Grandes columnas de madera sujetaban el entarimado que sostenía la tercera planta. Una pasarela de madera rodeaba toda la estancia donde debería estar la segunda planta comunicándose con la primera mediante simples escaleras de madera. Al fondo un amplio sillón de madera cubierto con lujosas pieles hacía la función de trono, y sentado sobre él su rey, Miklos, observaba a sus tropas apostadas sobre la pasarela –arqueros– y alrededor de los muros de la primera planta del salón –ladrones y asesinos–.
Miklos no era un hombre excesivamente robusto, más bien delgado. Vestía un tocado blanco adornado con filigranas doradas que hacían juego con sus sandalias, anillos y collares. Una laza melena rubia caía sobre sus hombros y una pequeña perilla rubia acabada en punta marcaba el final de su aguileño rostro.
–¡Miklos, bastardo hijo de una puerca ramera!
Vángar entró con la furia de un tornado en el salón de la “fortaleza”.
–¡Teníamos un trato, sucio patán! –Le gritó señalándole con gesto acusador.
–Y todavía lo tenemos, amigo –le contestó Miklos con un gesto amanerado.
–¿Me tomas por estúpido? –Le preguntó lanzándole con fuerza las tres cabezas sobre sus piernas.
El impacto hizo que Miklos perdiera el resuello pero Vángar esperó su contestación.
Sólo pretendía asustarlo, que no se diera cuenta de cuanto necesitaba la redoma. No podía permitírselo pues podría pedir un precio más alto obligándole a tomarla por la fuerza y en la lucha se podría perder el preciado líquido en el suelo de la batalla.
Con gesto de repugnancia Miklos comenzó a hablar:
–No. Claro que no –contestó–. Éstos –explicó sujetando las cabezas de los pelos– son sólo simples desertores que prefirieron buscar fortuna por su cuenta. Sin tener yo conocimiento de ello, por supuesto. Sabes que yo nunca te pondría en peligro. Lo sabes, ¿verdad?
–Ya, claro. Explícale eso a tu asesina en el Inframundo. Embaucador.
Sabía que estaba muerta. Lo sabía porque no había regresado como en tantas ocasiones. Lo sabía pero era un detalle que había preferido olvidar hasta después de la reunión. La cólera le invadió pero fácilmente la disipó. Aun así decidió fingirse fuera de sus cabales.
–¡Te recuerdo que no estás en posición de exigir nada! –Le gritó levantado mostrándole su puño cerrado.
–¿Y quién de tus fieles va a impedirlo, necio?
No necesitó desenfundar ninguna katana. Frente al reto todos se echaron hacia atrás intentado confundirse con los muros del salón.

sábado, 2 de junio de 2018

7.7 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / un destello de esperanza.

Viajar como esclavistas siempre está ligado a estar bajo continuas sospechas, continuos controles y miradas de envidia y repulsión por igual. Igual en uno de estos controles nuestros amigos tengan la fortuna de encontrar la libertad.



-Anteriormente:
«–¡Oh! –Exclamó Sebral con una sonrisa –. Sí, es capaz de todo eso y de mucho más. Incluso él solo ganó una guerra... –hizo una pausa pensativo– pero hablo demasiado y debo callar –concluyó.
–Vamos, sigue –rogó Saera.
–No cariño. Hice un juramento de silencio que no pienso romper.
–Yo lo he roto –protestó Ermis.
–Tu elección, nadie te ha obligado a ello. Yo callaré.
–¡Callaos los de dentro! –Gritó uno de los esclavistas– ¡Silencio!»

–¿Qué sucede? –Le preguntó Shárika a Thomas– ¿Puedes ver algo?
–No, espera –le dijo mientras intentaba ver por los rotos de las lonas que cubrían el carromato.
–Legionarios –susurró esperanzado.
–¿Cómo?
–Legionarios, tres, a caballo.
Un látigo restalló junto a los barrotes sobresaltando a los presos.
–¡Silencio! –Volvió a gritar el esclavista–. Obedecer u os sacaré la piel a tiras. Arrancaré vuestros 
músculos uno a uno y haré caldo con vuestros huesos.
–Qué gráfico –comentó Sebral en voz baja haciendo sonreír a la princesa.
Los legionarios llegaron a la altura del carromato.
–¡Alto! –Gritó uno de ellos.
Mientras que el legionario que había dado la orden permaneció enfrente del carro impidiéndole avanzar, los otros dos rodearon al vehículo para detenerse finalmente junto a Madrix, que estaba sentado delante, a la derecha del conductor.
–¿Por qué unos legionarios, guardianes de la paz –añadió melosamente–, hacen detenerse a unos honrados mercaderes en su paso de un mercado a otro?
Los legionarios rieron.
–¡Por Seanil que nunca había oído desfachatez semejante! ¿Honrados mercaderes? Esclavistas más bien.
–Mercaderes somos puesto que mercancía vendemos, señor –se defendió Madrix–. ¿Queréis echar un vistazo a la nuestra? Estoy seguro que podría ofrecerle un buen precio.
El legionario escupió al suelo.
–Si por mi fuera no tendrías mercancía alguna, tratante –le contestó ofendido–. Pero no está en mis manos impedirlo. Sólo dime, ¿a donde os dirigís?
–A Lican, mi señor. A Lazheria.
–¡No le creáis! –Gritó Thomas sobresaltando a todos.
–¡Calla! –Le ordenó Shárika.
–¡Por el Primero! ¡Sacarnos de aquí! –Azuzó Thomas.
Al reconocer a uno de los suyos los legionarios desenvainaron sus armas. Los dos del lateral cargaron contra ellos.
–¿Esclavos? Pagarás con tu vida por esto –amenazó a Madrix el restante, todavía frente a él.
Becar apareció sobre la jaula del carromato disparando su arco. Su flecha se clavó certera en el cuello de uno de los legionarios que se derrumbó sobre uno de los esclavistas. El otro legionario continuó su carga rebanando el cuello de otro enemigo. Telsat lanzó su boleadora enganchándolas en las manos del caballo. Éste cayó derribando a su jinete que no tardó en verse rodeado por cuatro esclavistas.
El tercer legionario lanzó un puñal a Madrix pero éste fue más rápido e interpuso a su compañero. El legionario rodeó el carro por la izquierda para poder atacar desde atrás a los esclavistas. Becar se ocupó de él con una de sus flechas y el legionario superviviente no tardó en acompañar a sus amigos en su viaje al Inframundo.
Cuando todo hubo acabado Madrix arrojó el cadáver del conductor al suelo.
–¡Por Meron que así no hay forma de hacer negocios! –Exclamó.
Bajó del carro e ignorando los cuerpos de los legionarios ordenó abrir la jaula.
–¿Os parece bonito? –Les preguntó a sus presos–. Podíamos haber sacado un buen negocio adelante pero no, el señor capullo tenía que gritar... ¿qué era eso? Ah sí, ¡por el primero! Pues serás el primero en recibir una lección, el primero y el último. Creo que la necesitas. ¡Sacarlo fuera! –Ordenó airado.
Lo sujetaron entre dos de los esclavistas mientras Becar desenrollaba su látigo delante de él.
Madrix se acercó a Thomas.
–Éste es Becar –le presentó–. Es un gran arquero, ¿sabes? El mejor que yo haya visto. Por eso le tengo conmigo, claro.
–Encantado –contestó irónicamente Thomas.
–¿Encantado? ¡Ya! No creo que lo estés. ¿Sabes? No sólo tiene buena puntería con el arco, con el látigo..., con el látigo es un maestro.
–Lo creo –volvió a interrumpir.
Un puñetazo de Madrix lo silenció.
–Sebral, ¿puedes hacer algo? –susurró Neamer.
–Sí puedo. Pero no nos desharíamos de ellos y después, ¿qué? Estoy demasiado débil para algo mayor.
–De ésta no sale –sentenció Ermis.
–Calla –le ordenó Shárika rabiosa por la impotencia.
Madrix se hizo a un lado y dijo:
–Maestro, demuéstranos lo que sabes hacer.
El látigo acertó el rostro de Thomas a la primera. Después Becar se recreó formando un macabro mosaico en la piel del legionario. Aunque no lo demostrara Madrix observaba fascinado el coraje y aguante de aquel legionario que recibía el castigo en completo silencio.
–¡Basta! –Interrumpió–. No tenemos tiempo. Acabar con él y luego meter todos los cadáveres en la jaula. Tendremos que viajar de noche para salir de Xhantia cuanto antes.
Becar guardó su látigo. Otro esclavista se acercó al sangrante Thomas y empezó a propinarle una serie de puñetazos. Cuando Thomas se derrumbó sobre la hierba varios esclavistas se unieron con su compañero para darle patadas al rebelde esclavo.

sábado, 26 de mayo de 2018

7.6 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / traición y huída en Trípemes.

Ya sabíamos que Trípemes era un estercolero. El paraíso de la baja estofa. Ahí donde el mal anida y se expande como una enfermedad al resto del mundo. Pero hubo un tiempo en que se intentó erradicar ese mal.




-Anteriormente:
«Las marcas de la paliza eran patentes en su rostro y brazos, y sólo la mitad de los cortes sufridos parecían haber cerrado, pese a la magia de Sebral.
–Sobreviviré... creo –pero al intentar incorporarse el dolor le obligó a gritar–. Si no me muevo, claro está –añadió.
La tensión se rompió en un aluvión de risas contenidas que todos agradecieron.»

–Con él esto no nos hubiera pasado –dijo Saera.
Era un comentario impertinente propio de una niña. Una acusación velada que nadie tuvo ánimos de responder.
–Ese hombre salvó mi vida –confesó Ermis después de un incómodo silencio.
Shárika, que comenzaba a dudar de su capacidad de liderazgo y de llevar la misión a buen término, le contestó:
–Nos la salvó a todos.
–No –hizo una pausa–, antes. En Trípemes.
–¿Qué pasó? –Quiso saber Saera.
Ermis tragó saliva. Estaba apunto de romper un juramento de silencio sobre lo sucedido en aquella maldita ciudad, pero lo volvió a meditar y permaneció en silencio deseando no haber dicho nada.
Todos aguardaban expectantes, incluso el incesante traqueteo del carromato había vuelto a enmudecer interesado en su historia. La incesante curiosidad de Saera le azuzó para continuar.
–Todas las ciudades tienen sus bajos fondos –comenzó a explicar–Algunos más grandes que otros pero incluso la más pequeña de todas posee una calle en la que una dama no se aventuraría una vez ocultado el Sol. Pero Trípemes –respiró meditabundo para tomar fuerzas–, Trípemes es toda un bajo fondo –dijo acelerado–. Vale que todas las ciudades pueden ser peligrosas de noche, pero en esa ciudad no hay calle libre de la delincuencia: Asesinatos, robos, peleas... todo campa por doquier. La Guardia permanece asustada en sus cuarteles por la noche patrullando por el día en grupos de siete u ocho. Las casas nobles están corruptas y el Virrey vive temeroso en su palacio. Pero incluso en esta fétida ciudad hay también bajos fondos; el Inframundo lo llaman.
–Los bajos de los bajos fondos –bromeó Thomas haciendo sonreír a Saera.
–Sí. Ahí se oculta Miklos, el auténtico dueño de Trípemes.
–Y ahí estabais vosotros, ¿me equivoco? –Preguntó Sebral.
–No, no te equivocas. Después de dos incursiones en el Inframundo aquella vez parecía la definitiva. Cien legionarios entramos en aquel laberinto de callejones detrás de un guía que juraba por los dioses conocer el Inframundo como la palma de su mano.
–¿Os traicionó? –Quiso saber Shárika.
–La vanguardia cayó al instante. Cuarenta almas fulminadas bajo una lluvia de lanzas y flechas arrojadas por simples rateros y asesinos.
«Los restantes..., algunos se intentaron proteger con sus escudos y avanzar, otros simplemente huimos –confesó.
»Corrimos entre un mar de cuerpos que caían y se abatían entre gritos de dolor. Esquivando a nuestros compañeros que luchaban contra aquella escoria. Varios de ellos intentaron cerrarnos el paso pero uno a uno fueron abatidos por flechas y saetas; creo ahora que él nos cubría mientras huíamos asustados. Alcanzamos un callejón lateral, luego otro y después otro. Sin parar de correr dejamos aquella matanza atrás sin volvernos a mirar ni siquiera un instante.
»Hubo un momento en el que nos llegamos a perder. Fue entonces cuando miramos el callejón recorrido y vimos varios cadáveres de nuestros perseguidores que nosotros no habíamos dejado. Seguimos corriendo y por fortuna logramos salir de aquel laberinto. Aquel día Nebra tuvo que ampliar su reino y Sark nos maldijo por nuestra cobardía.
»Entonces juramos no contar nada a nadie.
–A veces, una retirada a tiempo supone la mayor de las victorias –le intentó animar Thomas.
–Huimos cobardemente.
–Ermis. Te he visto cumplir mis órdenes, luchar valientemente a mi lado. Tú no eres un cobarde. Sé que no eres un cobarde –le dijo Shárika.
–Pero lo fui, mi sargento.
–¡Y dale! –Exclamó Thomas. –No puedes pretender ser como El Errante. 
–Eso es cierto, muchacho –le dijo Shárika.
–Puede ser, pero me gustaría serlo –deseó–. Hasta conocerle creía que era un mito, una leyenda cuyas hazañas eran producto de la desbordante imaginación de un juglar, cuentos para niños. Pero después de verlo luchar, ¡parecía pasearse entre los monstruos del Bosque Lubre!, he de creer todo lo que de él se dice.
–¡Oh! –Exclamó Sebral con una sonrisa –. Sí, es capaz de todo eso y de mucho más. Incluso él solo ganó una guerra... –hizo una pausa pensativo– pero hablo demasiado y debo callar –concluyó.
–Vamos, sigue –rogó Saera.
–No cariño. Hice un juramento de silencio que no pienso romper.
–Yo lo he roto –protestó Ermis.
–Tu elección, nadie te ha obligado a ello. Yo callaré.
–¡Callaos los de dentro! –Gritó uno de los esclavistas– ¡Silencio!

domingo, 20 de mayo de 2018

Gorrión rojo

Los juegos del hambre pasan a la guerra fría. 


¿Quién dijo que la guerra fría había terminado? Los espías siguen más vivos que nunca. Y las películas de espías también. Nos encontramos con esta una película de la manufactura más clásica; en la que prima la trama en yuxtaposición a la acción. Cierto es que alguna escenita de acción sí que hay pero como te despistes cinco minutos pierdes el hilo y ya no sabes quién es el bueno, el malo, o que rol hace realmente tal espía o tal otro espía. 


La película está dividida en dos partes bien marcadas: la desgracia de la protagonista con su enrolamiento/entrenamiento y la parte de la misión. Cada una de ellas interesantes en su estilo y forma aunque personalmente me decanto más por la segunda. De la cual no diré más que es aquí en donde debes estar atento a lo que acontece para seguir la trama sin perderte. 
Jennifer Lawrence se pasea por la primera parte con su cara de sota intentando aparentar cierta frialdad pero es después cuando actúa con mayor soltura, pero sin sobresalir. Muy bien acompañada con Joel Edgerton que realmente creo que la eclipsa un poco. A esto hemos de añadir la siempre gratificante presencia de Jeremy Irons. Creo que este hombre si hiciera una película sin hablar sería igual de genial.

El director Francis Lawrence cumple, sin más. Un director curtido de video clips que sin embargo ha tenido la fortuna de hacer éxitos como las tres últimas películas de Los Juegos del Hambre o Soy Leyenda. De Constantine no hablo porque puedo crear controversia. Es un director efectivo pero sin toque personal alguno. Lo que antes se llamaba un director de estudio. Solo que este ha tenido suerte o ha sabido elegir.


En resumen: buena película de espías.

Lo mejor: la trama de la segunda parte y su solución final.
Lo peor: quizás sobren algunos minutos, pero solo quizás.

PD: mientras veía la primera mitad no he podido evitar ciertos paralelismos con la historia de La Viuda Negra de Marvel. Me pregunto hasta que punto se han basado en ella.




7.5 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / Neamer, la amazona.

La magia puede ayudar a curar las heridas físicas, pero las heridas del corazón, un alma rota, tarda mucho más en curarse. Es tiempo de revelaciones y buscar apoyo en los demás.

Hecha un ovillo Shárika lloraba junto a la entrada de la jaula mezclando sus lágrimas con la sangre que no paraba de manar de su nariz –aunque cada vez con menos intensidad–. Ermis, rabioso de impotencia, buscaba palabras de consuelo pero todo aquello que deseaba decir se enganchaba en su escasa educación. No era cierto que se olvidara de la reciente pérdida de un compañero pero acostumbrado como estaba a la muerte era la visión de su superior la que le rompía el corazón.
Saera, despierta junto a Sebral y libre de cadenas y grilletes, intentaba consolar a la mujer a la que había aprendido a respetar y querer. Pero sus abrazos y palabras de consuelo rebotaban frente al muro que Shárika había construido.
Encerrada en sí misma no tuvo siquiera palabras de agradecimiento para Sebral, el cual mediante su magia había conseguido mitigar su dolor físico. Pero las viejas heridas internas todavía estaban; y dolían más que nunca.



–Neamer... –contestó entre sollozos a las continuas llamadas de Saera.
Fue casi un susurro que nadie entendió.
–¿Cómo? –Preguntó Sebral.
Shárika consiguió frenar sus lágrimas a fuerza de voluntad.
–Neamer, mi auténtico nombre es Neamer.
Ante esta revelación nadie dijo nada. Mudos en la oscuridad de la jaula tapada con rotas lonas miraban estupefactos a la sargento.
–Nací esclava en el reino de Ellodes, junto a la Gran Muralla –continuó explicando y poco a poco su voz se fue serenando–. Nací y crecí esclava bajo las órdenes del gobernador local. Me vi obligada a obedecer en todo momento y situación. Durante años sufrí abusos del gobernador y su familia pero llegó un día en el que, siendo una adolescente, me rebelé ante sus continuas humillaciones.
Durante la confesión el mundo parecía haberse silenciado; incluso el traqueteo del carro había desaparecido brindándole a la destrozada Neamer completo protagonismo.
–Mi intento fracasó casi en el mismo instante en que lo pensé y por él fui condenada a muerte. Tuve suerte... cuando el verdugo iba a bajar el hacha un famoso tratante de gladiadores que había oído mi historia me compró fascinado por mi carácter violento y rebelde.
«Fui entrenada como gladiadora debutando en un pordiosero circo de pueblo para adquirir pronta fama. A los pocos años me llevaron a Lazheria en cuyo circo se batían los mejores gladiadores del mundo. Fui presentada como Neamer, la Amazona.»
Ermis, pese a estar fascinado por la revelación, intentaba calcular su situación: Les faltaba un día, aproximadamente, para alcanzar la frontera de Lican. Llevaban medio día de camino en la misma dirección. ¿Se dirigían sus captores a su mismo destino? ¿Hacía la capital de Lican, Lazheria, tal vez? ¿Conseguirían pasar la frontera con tres legionarios en su jaula? Estas preguntas bailaban en su mente durante el viaje pero por más que intentara responderlas no concebía respuesta alguna.
–Como Neamer, la Amazona, conquisté mi libertad en Lican. Aquel día juré por los dioses que nadie más volvería usarme –continuaba explicando Shárika. Aunque saltaba a la vista su incomodidad al contar su secreto parecía que le había hecho olvidar las humillaciones a las que se había visto sometida horas antes.



–Entonces hubo un incidente. Un capitán de la guardia intentó obligarme a acceder a sus deseos. Con mi daga marqué su rostro. Aquella misma noche huí del reino hacia Ákrita; en donde me enrolé en la Legión.
–Vaya. Parece que nuestra sargento tenía más de algún secretito –dijo Thomas.
Encadenado y medio tumbado en la jaula parecía haber estado inconsciente durante todo el camino –¿Aprendisteis a cocinar? Tengo un hambre atroz –Preguntó sonriéndole.
–Sabía que podía contar con tu comprensión –le contestó Neamer correspondiéndole la sonrisa.
–Un legionario siempre apoya los suyos, ¿cómo te encuentras?
–Mejor, mucho mejor, ¿y tú?
Las marcas de la paliza eran patentes en su rostro y brazos, y sólo la mitad de los cortes sufridos parecían haber cerrado, pese a la magia de Sebral.
–Sobreviviré... creo –pero al intentar incorporarse el dolor le obligó a gritar–. Si no me muevo, claro está –añadió.
La tensión se rompió en un aluvión de risas contenidas que todos agradecieron.

domingo, 13 de mayo de 2018

El extranjero

EL IRA ha vuelto, y a Jackie le toca cargárselo.



El año pasado se estrenó de tapadillo en los cines una película curiosa que pasó casi sin pena ni gloria. Una película protagonizada por Pierce '007' Brosnan y Jackie 'Kunfu' Chan. Estos nombres ya de por sí deberían decirnos algo. Por lo menos picarnos la curiosidad. Pero además debemos añadir el nombre del director -Martin Campbell- a la coctelera. No estamos hablando de cualquiera. Hablamos del director al que se le debe el relanzamiento y renacimiento de James Bond, por dos veces (Goldeneye y Casino Royal); el que rompió taquillas con el Zorro y se cargó la prometedora franquicia de Linterna Verde. Ya solo por estos tres deberíamos pagar la entrada de cine.

Sin embargo desconozco cuantos sentaron sus culos en las butacas por aquel entonces y no sé si fue un éxito o fracaso. Lo que está claro es que la película merecía más atención que la que tuvo por entonces. Excelentemente dirigida sin florituras ni artificios de otra época más de 007, de forma más cruda ni real, la película nos cuenta la odisea de Jackie Chan buscando justa venganza de los terroristas que asesinan a su hija. Su única hija y lo que él cree que es su única conexión con este mundo. El chino sin embargo no retiene todo el protagonismo sino que este está bien equilibrado con el señor Brosnan quién, de forma diferente, también se ve afectado por el bombazo y busca a los culpables. 

No veremos aquí la película de peleas a las que nos acostumbró Jackie Chan hace unos años. Para el hombre también pasan los años y, aunque tiene dos o tres escenitas de esta índole, ahora ya recurre a papeles más "tranquilos" en los que prima un poco más la actuación frente la acción. No en vano es también productor de la película.

Cierto es que en su tramo final se nota cierta laguna antes del desenlace, y algunas preguntas también nos podríamos hacer -no toda la información esta en la red- pero en resumen la película se deja ver muy bien. Mejor que muchas otras y pienso que debería haber tenido mayor repercusión en la taquilla -sea la que sea que haya tenido-. 

Es una pena que este director que tantas alegrías nos ha dado vea su carrera lastrada por el fracaso de Linterna Verde que sinceramente no creo que fuera su responsabilidad. Creo que es hora de volverle a dar dinero para que nos demuestre su calidad de nuevo.

El resumen: una película que te deja un buen sabor de boca.

Lo mejor: la aparición de estos dos actores bajo la batuta del retornado director.
Lo peor: ciertas lagunas que no explican o no dejan claro ciertos hechos de la trama.

La curiosidad: en parte Pierce Brosnan le debe su fama de James Bond a Martin Campbell, para el que actuó en Goldeneye y rompió moldes en las anodinas películas de Bond que hasta entonces habían sido muy clásicas en su dirección. No me extrañaría que su participación en esta película sea a modo de favor hacia él.




sábado, 12 de mayo de 2018

7.4 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / asalto nocturno.

No es ya por orgullo. Es por negocios. Miklos necesita saber que ha pasado con los tres esbirros que envió de visita al Errante. No puede dejar cabos sueltos pues su poder depende en gran medida del respeto que le tengan. Para ello nadie mejor que su asesina favorita.



Lejos estaba de ser aquella chiquilla de ocho años que correteaba por las praderas nevadas de Ellodes junto a las Tierras Secas. El férreo régimen militar del reino de Ellodes permitía al gobernador de cada región reclutar a aquellos que estipulase oportuno para la defensa de la Gran Muralla, en la frontera con los reinos del sur. Para evitar la corrupción y la correcta salvaguarda de los bienes de aquellos que fueran reclutados, que en ocasiones de extrema urgencia alcanzaban a ser familias enteras, los autoproclamados Señores de la Guerra como regidores del reino crearon la figura de los vigilantes. Una profesión no exenta de peligros que sólo debía responder ante ellos, dándoles así completa independencia frente a los poderes locales.
Su padre había sobrevivido a cuatro gobernadores y estaba cerca de superar el quinto cuando su hijo mayor ingresó en su cuerpo para obedecerlo dentro y fuera de casa. Ella, deseosa de demostrar su joven estupidez, trató de enrolarse con su hermano pero su padre se lo impidió.
Escondida en el carromato de unos buhoneros, la niña de once años huyó de su hogar hacia la capital en donde intentó enrolarse en el ejército. “Eres una niña”, le dijeron. “Vuelve a casa”, “Corre tras tu madre”, le aconsejaron. “¿Te crees una amazona? ¡Pues vete con ellas!”, le insultaron. Pero un hombre vio más allá de su andrajosa apariencia externa y la adoptó, la reclutó y la entrenó. Se convirtió en la asesina más joven de todo el reino; quizás de todo el mundo: un pobre borracho fue su primera víctima, su padre la décima.
 Dicen que los asesinos profesionales son los únicos humanos sin conciencia. Es mentira. Poseen el don de silenciarla y mantenerla apartada en un rincón sin que les moleste, pero ésta cada vez se hace más fuerte y cada vez les cuesta más ignorarla. Una vez más volvió a huir lo más lejos que pudo.
A los veintiun años conoció a Miklos convirtiéndose en su favorita tanto dentro como fuera de su alcoba. Desde entonces había gozado de su posición de privilegio trabajando sólo en lo esencial, los asuntos más graves que exigían la mayor discreción. Pero hoy Miklos se encontraba especialmente alterado.
Como un torrente había entrado en su habitación privada sobresaltando a la asesina y al filo de perder la vida por ello. Después del susto y la disculpa le encomendó eliminar un inquilino de la posada del Cedro Rojo. No le dijo quien era, ni porque debía hacerlo.
–Ten cuidado, mucho cuidado –le había dicho. Y sus palabras resonaban en su cabeza al tiempo que sus pies (descalzos, únicamente vendados como mandan las normas de su hermandad) se deslizaban silenciosamente por los tejados de la ciudad. Aquellos que alcanzaban a verla cerraban sus puertas y ventanas para impedir que el mal entrara en sus hogares, aumentando la confianza de la experta asesina.
Como una amante furtiva se coló por la ventana de la habitación. Sus ojos expertos examinaron la estancia: a la derecha un hombre descansa medio desnudo tumbado en un camastro de madera; a sus pies y repartidos entre la cama y la puerta del fondo, tres cuerpos decapitados. En un rincón a la derecha sus tres cabezas amontonadas.
Pese a estar acostumbrada como estaba a la muerte el cuadro le incomodaba obligándole a volverse a preguntar sobre la identidad del durmiente. Porque seguía durmiendo; su respiración no había variado y nada hacía pensar que se hubiese percatado de su presencia. Su equipaje descansaba al lado de las cabezas y no parecía tener ningún arma a mano.
Se acercó a él.
No conocía a ese hombre. Es cierto que en Trípemes, y sobre todo por los lugares que se movía, había conocido a muchos piratas con un parche en el ojo pero a éste no. No era un pirata. Tardó un poco en darse cuenta de quien tenía delante; las leyendas y relatos que se contaban sobre él se agolparon en su cabeza. «Miklos, hijo de la gran perra. ¡Es el Errante!». No podría hacerlo. ¡Nadie podía hacerlo! Muchos lo habían intentado antes que ella y habían fallado. Lo sabía muy bien porque conocía a varios de ellos. Cabía la posibilidad de que no fuera él, sino un farsante en busca de pronta fama. No, si fuera así Miklos se lo hubiera dicho. 
Cerca estuvo de dar media vuelta y huir de aquella habitación. Sería la tercera vez en su vida que hacía algo así. Decidió cumplir su misión. Se volvió a concentrar en su víctima; respiración regular, ningún movimiento. Con extremo sigilo alzó su cuchillo y asestó el golpe fatal apuntando directamente a la yugular.
La férrea mano de Vángar agarró el brazo de su asesina evitando su muerte.
–No pensarías tener éxito, ¿verdad?
La mano derecha le asió la hebilla del cinturón y tirando de ella la alzó a pulso lanzándola al otro lado de la habitación. El Errante se levantó del camastro lentamente mostrándole a su asesina el torso desnudo. Apenas tuvo tiempo de contemplar sus tatuajes pues Vángar saltó sobre ella impidiéndole recuperar su cuchillo perdido.
Sus ojos brillaban como los de un lobo en la oscuridad envueltos en un alo de furia animal. Por primera vez tuvo miedo. Vángar le asestó un puñetazo en la cabeza, luego otro, y otro, y otro más, y otro. Con las manos llenas de sangre volvió a levantar el cuerpo inconsciente de la asesina y sin ningún esfuerzo lo lanzó por la ventana como quien se desprende de la basura. El cuerpo golpeó el edificio de enfrente para caer sonoramente sobre el empedrado de la calle.
«Parece ser que no me van a dejar descansar», pensó.


viernes, 11 de mayo de 2018

Trailer Predator (2018)

Mientras los frikis -y no tan frikis- esperamos el estreno de Han Solo acaban de publicar el trailer de Predator (el bicho este que se dedica a cazar por el espacio y que tuvo la mala suerte de topar con Terminator hace unas décadas).

Desconozco si se trata de una especie de remake o relanzamiento de la franquicia; o si continua las tres películas; o si continua las cinco (si tomamos las de Alien vs Predator). Por el cartel podríamos deducir que pasa olímpicamente de las del famoso cruce con los aliens. Pero la verdad que el hecho que las dirija el director de Iron Man 3 no me inspira mucha confianza. Al menos espero que lo trate con el suficiente cariño, ya que fue una de sus víctimas en la primera película.

Sea como sea, aquí está el trailer.




Los hambrientos

Corre, corre, que te pillo.


No negaré que soy aficionado al cine de zombies, o infectados, en general. Desde que vi la película de George Romero en blanco y negro siempre me he sentido atraído por la temática zombie. Pero últimamente el estallido zombie nos ha reportado tanto alegrías como tristezas. Es lo que hay; cuando hay mucho de algo no todo es bueno. Incluso lo que antes era bueno deja de serlo para caer en el sopor aburrido, como cierta serie que no quiero mencionar. Es por eso que me enfrenté a esta película sin muchas expectativas. La verdad.



Pero ciertamente nos encontramos con una película de infectados de lo más lograda. Una película sin tonterías y trucos estúpidos del guión para alargar la trama. Igual peca un poco en su lentitud -pero no más que esa serie que no quiero mencionar- que sin embargo no se eterniza porque realmente sí pasa algo mientras ves las escenas. No nos encontramos con los infectados salvajes desorganizados individualistas que atacan a la primera oportunidad. Aquí son un poco más... siniestros. Con un toque casi místico -sino de qué esos túmulos de muebles u objetos, cada uno de un tipo diferente-. 

Nos sitúa la trama después de la típica infección en la campiña ¿canadiense? Una zona rural en donde pese a no estar inundada de estos seres en cada metro cuadrado sí que es fácil toparse con ellos si no andas con cuidado. Y eso es lo que hacen los protagonistas. Andar con cuidado de una zona a otra buscando la mejor protección con planes que no siempre salen bien.
No romperé la trama más de lo que ya lo he hecho pero si advertiré que no veremos tonterías moralistas ni grandes conflictos éticos que impidan a la gente apretar el gatillo. Tonterías de estas ya aburren -desde el principio de los tiempos- y nunca son muy creíbles cuando se trata de matar al zombie de turno.

En resumen: una buena película de infectados.

Lo mejor: la escena en el claro con la montaña de muebles.

Lo peor: quedarnos con las ganas de saber porque hacen lo que hacen los infectados.




sábado, 5 de mayo de 2018

Batman Ninja

De la ciudad sin luz al país del sol naciente.


Algunos os preguntaréis qué hace este hablando de una película de dibujos animados de Batman cuando todavía suenan los vítores por la última de Los Vengadores. Cierto. En algún momento pondré mi reseña de esa aclamada película pero hoy toca esta. ¿Por qué? Pues porque me ha sorprendido. Y para bien.
Nos encontramos con una película atípica de Batman. No solo por la historia en sí -con viajes temporales incluidos para "justificar" el título y el experimento- si no por la calidad de la animación. Nos encontramos con un experimento audiovisual de los caros que tiene como respaldo que de Batman se vende todo así que fracaso, lo que se dice fracaso económico, no lo será. Desconozco los números, la verdad, pero sí puedo asegurar que es una de las mejores en cuanto a calidad de la animación que he podido ver del caballero de Gotham City. Una animación trepidante, de los mejores momentos del anime japones, que no tiene reparos en mezclar estilos para hacer un conjunto sólido. Con un diseño de producción excelente en donde otro de los atractivos es ver a la familia batmaniaca y sus villanos con un diseño JapoSteampunk sino excelente más o menos curioso -¡miau con Catwoman!-.





Pero no todo es genial. Pese a lo atractivo del argumento posee unos diez minutos que a mí se me antojan ridículos a lo largo de la batalla final -larga, muy larga-. Simplemente no entiendo que hacen unos mechas (A.K.A. robots gigantes/mazingers) en el japón feudal por mucho Steampunk que sea. Algo me dice que han intentando aunar casi toda la fantasía típica manga con el mundo del murciélago y de ahí el patinazo. Esto, por supuesto, es una valoración personal. Habrá gente a la que le guste y esté encantada. No es mi caso, lo siento.



En resumen: para disfrutar si eres amante de la buena y extraña animación o simplemente fan del Caballero Oscuro.

Lo mejor: el estilo y animación.
Lo peor: ¿transformers en Japón feudal? Chirriante.



7.3 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / violencia y agresión.

Donde el esclavista se ciega y relame con la posible recompensa y se muestra la cara más deleznable del ser humano con Shárika como víctima. 


El resto lo ignoraba pero antes de partir Madrix tuvo una interesante reunión con Prefino, jefe de los 
esclavistas, en su reciente base del Agujero: Prefino le indicó que buscaba un grupo de personas. «Un anciano con una niña, que posiblemente vayan acompañados por unos legionarios.», le explicó. También le dijo que no era necesario que los capturara –incluso existía la posibilidad de que no se cruzaran por su camino– pero si por algún casual volvía con ellos al Agujero sería gratamente recompensado.
Ni sabía el porqué de sus intereses y ni le importaba, pero la visión de la recompensa le hizo feliz sin poder evitar otra sonrisa.
Prefino conocía bien a Madrix y comprendió al instante el significado de este gesto.
–Te lo vuelvo a repetir. No es necesaria su captura. Si vuelves con ellos y me entero que has arriesgado de algún modo la vida de tus hombres yo mismo te arrancaré la piel a latigazos. No tengo que recordarte los que somos –refiriéndose a los esclavistas– y que los recolectores nos superan en destreza, pese al número –le indicó refiriéndose a los originales habitantes del Agujero.
Becar fue a protestar pero los gritos de Shárika le interrumpieron. Madrix ignoró los gritos y le preguntó al arquero:
–¿Qué sucede?
No es que debiera preguntárselo pero si conseguía convencer a Becar de la necesidad de llevarlos al Agujero no tendría ningún otro problema con el resto de salvajes que le acompañaban.
–Es demasiado peligroso –contestó Becar.
–Lo sé. Ocultaremos el cadáver y con él las armaduras del resto. Tendremos que cubrir el carro con la lona hasta que lleguemos al Paso Libre. –Chasqueó asqueado la lengua–. Es un asco pero te aseguro que no lo haría si Prefino no me lo hubiera ordenado.
La última frase tuvo el efecto buscado. La sola mención de Prefino convenció al arquero de la conveniencia de no discutir las nuevas órdenes. Aquel perro bastardo era capaz de desollarle si se enteraba que retrasaba la misión de Madrix.
–En ese caso démonos prisa.
–Sabía que lo entenderías. Bajemos a ver que demonios sucede.
A los gritos de la legionaria se habían sumado los de Ermis y Thomas. Al parecer los tres legionarios forcejeaban desarmados contra los esclavistas que pretendían hacer pasar un rato desagradable a la sargento.
En medio del forcejeo Thomas se hizo con la espada corta de uno de sus apresores y cargó con ella contra el bastardo que pretendía violar a su superior. Ermis, haciendo gala de mayor presteza, bloqueó a dos esclavistas que le salieron al paso dejando el campo libre a su compañero que con el arma en alto se preparaba para asestar el golpe mortal.
Una flecha se clavó en su mano desarmándole y deteniendo su acometida en seco.
–Por las barbas de Begor, ¿qué demonios pasa aquí? –Gritó Madrix–. ¿Cómo permitís que dos hombres desarmados...? ¿Es qué, por todos los dioses, no tenéis armas? ¡Usarlas patanes estúpidos!
Mientras los esclavistas miraban avergonzados a su jefe Thomas se arrancó la flecha de la mano e intentó alcanzar la espada corta que descansaba en el suelo.
El arquero –el único que valía lo que ganaba en ese grupo de indeseables– disparó otra flecha que fue a clavarse junto a la espada a modo de advertencia.
Ermis saltó hacia él pero se detuvo cuando éste le apuntó con otra flecha.
Dos esclavistas se arrojaron sobre Thomas propinándole una paliza de puñetazos y patadas que le hicieron perder la consciencia. Otros dos sujetaban a la ya semidesnuda Shárika mientras que el último de ellos desenrollaba sus boleadoras del cuello de Sebral.
–¿Quieres que te pase lo mismo? –Preguntó Madrix a Ermis señalando a su sangrante compañero.
El legionario parecía un gato tenso presto al ataque pero pronto comprendió que no tenía opción. Sus músculos se aflojaron. 
–Bien. ¡Quitarle la armadura y meterlo en el carro! –Ordenó Madrix a los esclavistas.
Esperó pacientemente a que cumplieran sus órdenes mientras Becar y Telsat –el boleador– aguardaban vigilantes a su lado.
Ermis fue conducido a un carro situado en lo alto de la ladera. Un estrecho carro de madera de grandes ruedas sobre cuya plataforma se había construido una resistente jaula de hierro para transportar la “mercancía” de un mercado a otro. Varios grilletes se encontraban distribuidos a cada lado siendo Ermis encadenado en los últimos de ellos; junto al entablado que separaba el asiento del conductor del resto del carro.
El insoportable hedor de excrementos y desechos de anteriores inquilinos mezclados con la paja que cubría el suelo asaltó su estómago obligándose a realizar titánicos esfuerzos para no vomitar.
Cuando los esclavistas acercaron el carro –carromato– ladera abajo, junto a Madrix, éste les ordenó:
–Quitarles esas armaduras a éstos también y esconderlas bien junto al río –señalando una zona de arbustos junto a la orilla–, y deshaceros de los cadáveres.
Mientras los dos esclavistas pagaban su desliz la gruesa figura se acercó a Shárika que continuaba presa por los otros dos esclavistas, con una amenazante espada en su cuello.
De un tirón rompió su camisa dejando al descubierto sus abultados senos.
Telsat rió, y con él el resto de los esclavistas mientras ella se tragaba su orgullo.
–¡Por Vela! –Exclamó invocando a la diosa del placer–. Mira Telsat lo que nos han traído los dioses. Creo que hay tiempo para un poco de diversión, ¿no creéis chicos?
Todos respondieron con vítores.
–Yo misma te arrancaré las entrañas, ¡perro! –le amenazó Shárika y el fuego de la ira rasgó sus ojos.
Pero Madrix era un esclavista experto que no se dejaba amedrentar por ninguna de sus “mercancías”.
–No, no lo harás. Porque si te resistes usaremos a la pequeña y tú no quieres que eso suceda, ¿verdad?
Tan cerca estaba de ella que Shárika le propinó un fuerte rodillazo en los testículos presa de la rabia dejándole de rodillas en el suelo. Como premio un puñetazo de Telsat le rompió la nariz, que empezó a sangrar.
Madrix se repuso rápidamente.
–A por ella chicos –dijo dándoles libertad.
Shárika volvió a gritar pero esta vez no puso demasiada resistencia. Aquel gordo cabrón había acertado en sus palabras; no dejaría que Saera corriera la misma suerte.
Madrix se separó junto a Becar y le susurró:
–Haz correr la voz sin que éstos se enteren –dijo refiriéndose a los nuevos esclavos adquiridos–, si alguien toca a la pequeña yo mismo se la cortaré, ¿está claro?
Desconocía lo que Prefino quería hacer con ellos pero seguro que la niña era doncella y no iba a permitir que un detalle como ese bajara la recompensa.
–Cristalino.
–Bien. Buen chico. Dile a esos dos que recojan los cuerpos del viejo, la niña y el legionario al que has ensartado y mételos en el carro. Que les pongan los grilletes y luego únete con tus compañeros a la juerga. Pasa un buen rato, te lo has ganado.

sábado, 28 de abril de 2018

7.2 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / primera baja

La magia les ha dado velocidad y en una fuga eso es primordial. Tanto como estar en constante estado de alerta. Pues de lo contrario todo se puede perder en un segundo. 
En donde la sangre tiñe la hierba y las esperanzas se pierden.



Nadie la oyó pero la flecha surcó el cielo clavándose en la nuca de Jhiral para salir por su boca. El cadáver cayó sordamente sobre la hierba.
Siete sombras se arrastraron por la loma rodeando a los durmientes.
–¡Nos atacan! –Gritó Ermis desenfundando su arma.
Una de las sombras saltó sobre él. Ermis apenas pudo levantar su espada para que atravesara al asaltante por su propio peso. El cadáver cayó ruidosamente sobre él lanzándolo al suelo.
Sólo entonces se percató Ermis de lo agotado que estaba viéndose incapaz de apartar el cuerpo que le aprisionaba. Desesperado buscó ayuda a su alrededor: Thomas había conseguido cercenar el cuello de un enemigo pero otro asaltante le desarmó con facilidad. Las fuerzas de Shárika también estaban bajo mínimos obligándole a dibujar torpes mandobles que apenas impidieron que fuera reducida. El mago –el único que parecía defenderse aceptablemente– protegía con su cuerpo a Saera al tiempo que fundía la piel de su enemigo con un hechizo.
En lo alto del montículo, junto al recién caído Jhiral, una oronda figura observaba la escena. Junto a ella otro asaltante lanzó unas boleadoras alcanzando a Sebral, el cual se derrumbó sin sentido
La gorda figura irrumpió en carcajadas.
Uno de los asaltantes, que respondía al nombre de Blascar y con una fea cicatriz en lado izquierdo del rostro, agarró a la princesa de la cintura.
Ésta le mordió, pateó y gritó.
Blascar la silenció noqueándola con un golpe de la empuñadura de su arma.
–¡Madrix! –Gritó el arquero esclavista que examinaba el cadáver.
–¿Qué sucede? –Preguntó molesto la oronda figura.
Si bien era cierto que había perdido tres hombres –disminuyendo sus fuerzas en casi un tercio– parecía que las presas merecían el coste: Dos mujeres, un mago y dos musculosos por cuyo lote pagarían buenas sumas en el próximo mercado de esclavos.
Al imaginarse las monedas de oro sus labios sonrieron sin remedio.
–Legionarios, son legionarios–contestó el esclavista con el rostro visiblemente asustado.
Aquella noticia dio al traste con todas sus expectativas de lucro. Se encontraban en la zona este de Xhantia; los legionarios eran la fuerza de paz usada por La Asamblea y por esa zona abundaban más que la mala hierba. No podría venderlos ahí y transportarlos fuera de Xhantia era extremadamente peligroso.
–¡No puede ser! –Gritó.
Pero al observar con sus propios ojos la armadura de cuero debajo de la capa y la ropa de viaje que les había donado el Abad tuvo que rendirse.
–Matadlos, a todos –ordenó apesadumbrado sintiendo físicamente como le robaban las riquezas recién obtenidas.
–De acuerdo.
El arquero se incorporó. Retiró los sucios cabellos de su rostro y apuntó una de sus flechas a Shárika.
–¡Espera! –Ordenó Madrix.
Becar guardó la flecha, inquieto.
–Cambio de planes. Nos los llevamos al Agujero –indicó Madrix con un nuevo brillo en sus codiciosos ojos.
–¿Desde cuándo somos transportistas de ganado?
–Desde que yo doy las órdenes –le retó.

viernes, 27 de abril de 2018

Capitán América 3: Civil War

El día que el capi pasó a la clandestinidad.


Ayer fue el preestreno de la última de Los Vengadores -hoy es el estreno oficial- y como os habréis dado cuenta si habéis visto los trailers que nos han inundado podréis ver que el Capitán favorito de todos no luce igual que las últimas veces. Esto es debido a los conflictivos acontecimentos de su tercera película la cual pasaré a repasar ahora brevemente. Aprovechando la oportunidad que el reciente estreno me brinda.

Si el argumento no se parecía mucho sí que buscaron similitudes en el márketing.


Cuenta Capitán América 3 el conflicto moral, político y a la postre físico entre si Los Vengadores deben o no ser supeditados al control gubernamental. El resto es paja, pura paja. Para tal ocasión utilizan el nombre «Civil War» de una saga famosa en los comics cuya única similitud es que al final acaban dándose hostias todos mientras los malos se sientan a ver el espectáculo. Sin embargo, profundizando en el argumento, este motivo es estúpido, poco sólido y cae por si solo si simplemente lo pensamos un poco:
-Se les acusa del desastre de Los Vengadores 2; ya sabéis, la ciudad esa que vuela y se destruye matando a x miles de habitantes -como si son muchos más, no importa-. No fueron ellos quienes hicieron volar la ciudad ni crearon esa situación; simplemente respondieron para solucionarla. Nadie más posee la experiencia y la capacidad para hacerlo. ¿Qué gobierno pretende supervisar sus actuaciones? Cosa que a la postre sería contraproducente pues se metería la política por medio. ¿A qué especialistas contratarían como supervisores con la experiencia suficiente? A SHIELD no, desde luego. Después de lo de HYDRA sería una fosa política. ¿A los propios Vengadores?
Luego el que más lo defiende indicando que necesitan ese control -no ya para acallar las voces airadas si no porque realmente parece creerlo- es el puto Tony Stark. El cual es el único que realmente necesita que lo controlen. Fue él el que creo a Ultron con el resto del mundo en contra. Casi siempre es el metepatas sin control que necesita continua supervisión. ¿Él dice que Los Vengadores necesitan los tratados para ser "legales"? Es todo una estupidez.
Así pues resulta que si en lugar de poner el temita de que si firmamos o no firmados los tratados pusieramos otro motivo -no sé, cualquier cosa sería mejor- por la que se acaban peleando la película ganaría muchos enteros.
Porque el resto de la película está bastante bien. De hecho se podría haber llamado Los Vengadores 3 y ser igual de válida. La paja que decía antes está muy interesante: el pasado de Soldado de Invierno. La aparición de Pantera Negra. La muerte de los padres de Iron Man. Las peleas. Las persecuciones. Incluso el malo es genial. La dirección es resultona y fans como yo siempre la recordaremos como la primera aparición forzada, no planeada, de Spiderman en el MCU. De hecho en los primeros trailers no aparecía en la mismitas escenas que le metieron luego.

En resumen: si consigues ignorar el estúpido let-motiv del argumento disfrutarás con ella.

Lo mejor: la escena final.
Lo peor: ¿necesito repetirlo?

Una escena muy parecida al final de la película.

miércoles, 25 de abril de 2018

7.1 El Errante: las bestias de la guerra. -Apresados / avituallamiento obligado.

7-Apresados



A medida que avanzaban hacia el este más se veían obligados a desviarse de su camino para evitar desafortunados encuentros. Las poblaciones se sucedían multiplicándose y el tránsito aumentaba dejando claramente patente que la población de Xhantia se agolpaba en este punto del mapa dejando casi despoblada la zona oeste.
Hacia la mitad de la tarde los fugados pudieron contemplar a lo lejos sobre el promontorio más elevado junto a un puente de piedra, la sede de la Legión en Xhantia: Una torre rectangular de seis pisos de altura terminada en un tejado chato de tejas marrones protegida por una muralla a su alrededor.
Por un instante Shárika se sintió tentada de cambiar sus planes y dirigirse hacia ella, pero al ver los suplicantes ojos de Saera pronto desechó la idea.
–Gracias –le dijo Sebral.
–¿Por qué? –Fingió.
–Por decidir seguir con nosotros en lugar de volver con ellos.
–Dije que os acompañaría hasta Lican –dijo a modo de excusa sin saber muy bien porque.
–Muy poca gente cumple lo que dice, ni siquiera los reyes.
Shárika rió.
–Aun así procuro hacerlo.
Cuando el Sol se empezaba a ocultar alcanzaron las afueras de otro poblado. Sebral se acercó a la sargento.
–El hechizo pronto desaparecerá, no creo necesario desviarnos esta vez.
–No me gustaría ser reconocidos.
–No creo que nadie nos pueda reconocer y esta zona está bajo la protección de la Legión. Ningún daño nos puede reportar.
–¿Cuánto tardará el hechizo en desaparecer?
–Unos pocos minutos, cinco o seis.
–¿A alguien le queda dinero? –Preguntó.
–A mí me queda algo –le contestó Thomas mostrando unas cuantas monedas.
–A mí también –añadió Sebral mostrando las suyas.
–Bien. Con las vuestras y las mías podremos cenar y tomar un descanso. Dime Sebral, ¿podrías volver a lanzar el hechizo?
El anciano comprendió los planes de la legionaria y sin razón para oponerse añadió: –Por supuesto.
–Entonces entraremos ahí y buscaremos un lugar en el que nos den de cenar. Luego, después de haber descansado, marcharemos de nuevo. De noche podremos andar por el camino con más facilidad que de día.
–¿Y cuándo pararemos? –Preguntó Thomas.
–Al amanecer.
–La niña no lo aguantará –asentó Thomas.
–¡Sí aguantaré! –Protestó la aludida.
Con ese revés no había contado, y si se paraba a pensarlo era posible que Sebral tampoco pudiera aguantar toda la noche. Shárika se arrodilló frente a la niña.
–¿Es cierto eso? –Le preguntó con el tono más afable que pudo encontrar.
Saera no contestó. Mantenía la cabeza erguida con cara de orgullo herido.
–Yo creo que sí podrás, pero necesito que me lo digas.
–¿Por qué?
–Porque así me quedaré más tranquila. Va a ser una larga caminata y si no me das tu consentimiento no la haremos. Dime, ¿podrás andar toda la noche?
Algo cambió en Saera, quizás fue que la tomaran en serio para tomar la decisión o simplemente que la legionaria la tratara con más amabilidad que la acostumbrada. Sus tripas protestaron.
–Quizás si comemos algo antes.
–Esa es mi niña. –Le dijo frotándole el cabello con su mano izquierda–. Vamos a comer algo, ¿vale?


Tal y como había anunciado el mago el hechizo desapareció cuando empezaron a andar. Fue un brusco frenazo; acostumbrados como estaban a ver pasar el paisaje rápidamente junto a ellos ahora parecían clavados en el camino produciéndoles un profundo desasosiego.
–Calma muchachos –les tranquilizó Sebral–, pronto pasará.
Ermis se reunió con ellos al tiempo que les alcanzaba Jhiral cerca del poblado.
Las casas de madera estaban construidas sobre plataformas elevadas sostenidas por pilares de roca y madera a varios metros sobre el suelo. Escaleras de madera permitían acceder a ellas y pasarelas de cuerdas y tablones las comunicaban entre sí.
–¡Qué raro! –Exclamó Ermis.
–Es por las lluvias. Ésta debe de ser una zona de grandes inundaciones, ¿verdad maestro? –Preguntó la alumna orgullosa.
–Efectivamente. Veo que parte de mis lecciones han servido para algo.
Las casas parecían haber sido construidas sin distribución alguna sobre unas pequeñas lomas pero en el centro del pueblo una casa más grande que las demás; de tres pisos de altura sostenida por múltiples pilares de piedra, con el estandarte de un lobo rojo, presidía una pequeña plaza en donde el mercadillo mataba las últimas ventas.
–Éste debe de ser un sitio de paso obligado. Seguro que ha de haber alguna posada o taberna –dijo Shárika.
–Seguro. Eso espero. –Deseó Thomas. Extrañamente no había protestado en todo el día pero Shárika podía ver como su demacrada cara pedía a gritos un buen plato de carne. Todos tenían hambre pero él parecía ser el que más lo acusaba.
Afortunadamente, al otro lado del poblado, localizaron una gran posada –si bien no era tan grande como la casa de la plaza– donde pudieron cenar sin ningún problema. Sin verse obligados a responder preguntas indiscretas ni ocultarse de inquisitivas miradas.
Agradeciendo a los dioses –y a la posadera– los alimentos el grupo devoró el estofado recién servido.
–No te quedarás con hambre ¿verdad Thomas? –Bromeó Jhiral. Pero el interpelado se encontraba demasiado ocupado comiendo como para responder.
Pagaron religiosamente la cena quedándose arruinados para el resto del viaje.
–Bueno Ermis, a partir de ahora me temo que vamos a depender de tus dotes como cazador si queremos comer algo –anunció Shárika.
–¿De éste? Estamos perdidos, nos moriremos de hambre –bromeó Thomas más alegre ahora que tenía el estómago lleno.
–Sólo tú te morirás de hambre, glotón –le contestó Ermis entre risas.
–Te ha calado, glotón –se añadió Jhiral.
–No sé porque me decís eso. Estoy lleno y he comido lo mismo que vosotros.
–Uno de los misterios de la vida –añadió Shárika.
Todos rieron, incluida la princesa.
Fuera del poblado y lejos de toda mirada indiscreta Sebral repitió el hechizo de velocidad y continuaron el camino.
El plan parecía funcionar y anduvieron toda la noche sin tener que desviarse del camino, con la única compañía de los lobos, que les vigilaban en algunas partes del trayecto. 
Antes de despuntar el alba eligieron para descansar una hondonada junto a un afluente del río Bram. Jhiral haría la primera guardia en lo alto de un pequeño montículo mientras el resto dormía. Se establecieron los siguientes turnos de vigilancia y se dispusieron a dar su merecido descanso a sus cuerpos.

sábado, 21 de abril de 2018

6.11 El Errante: las bestias de la guerra. Ep. 6.11


Cuando el merecido descanso se ve interrumpido. Las noticias vuelan y el más poderoso del lugar reclama al Errante.


Los tres sicarios entraron en la Posada del Cedro Rojo con paso decidido creando un tempo de silencio en la algarabía.
Frente a los ojos de cualquier extranjero no serían más que tres simples rateros que posiblemente entraran en busca de algún cliente potencial pero a esas horas la posada se nutría de los animales de peor calaña de la ciudad y todos reconocían los colgantes con una herradura de plata que marcaban a los visitantes como miembros de la guardia personal de Miklos; el auténtico gobernante de Trípemes.
Haciendo caso omiso a la expectación que su llegada había creado fueron directos a la esclava que servía detrás de la barra.
–Miklos pregunta: ¿Dónde está él? –Le interrogó uno de ellos cogiéndola del cuello.
Ella maldijo su suerte. No quería problemas con Miklos pero tampoco podía defraudar la confianza del hombre que con el paso del tiempo había pasado de amo a amigo. Pero si no decía nada moriría ahí mismo porque nadie saldría en su ayuda. De eso estaba segura.
Balnor se acercó y sujetó el brazo del sicario.
–Está arriba, en la segunda planta, la habitación del fondo.
El sicario soltó a la joven y con rápido gesto se deshizo de Balnor.
–Has hecho bien. Miklos te da las gracias.
«¡Muérete!», pensó el posadero. Por él podrían irse todos al infierno, ellos, Miklos y toda la escoria que poblaba esa ciudad. Sólo le importaba la joven esclava y el durmiente de la habitación al que acababa de traicionar. Sólo esperaba que su traición fuese en vano.
Los sicarios subieron las dos plantas en silencio y con la misma cautela abrieron la puerta de la habitación.
–¿Es qué no es posible dormir en esta maldita ciudad? –Preguntó Vángar de pie, de espaldas a la ventana, con las dos katanas desenfundadas en sus manos.
–Miklos te da saludos, perro. –Dijo uno de ellos mientras los otros dos se separaban formando un semicírculo.
–Teníamos un trato.
–Miklos tiene prisa. Quiere su libro.
–Decirle que le veré mañana. Por ahora el libro es mío.
–Por ahora.


domingo, 1 de abril de 2018

Código abierto

La chica del tatuaje del dragón se convierte en espía.

Desconocía esta película. No sabía ni de su existencia hasta que ha acabado en mis manos. Ni siquiera sé si tuvo algún éxito en las salas o si se llegó a estrenar en el cine siquiera. Admitiré que al ver el reparto y el género al que se atiene la curiosidad pudo conmigo y quizás por eso la he disfrutado tanto.

No diré que es una excelente película de espionaje/acción que pueda equipararse a Jason Bourne. Ni siquiera lo intenta. No estamos hablando del mismo estilo de historia o película. Sí, son espías, y sí, van un poco perdidos en la historia intentando arreglar el entramado de turno y de paso sobrevivir a la ensalada de tiros en las que se ven metidos. Pero ni ella es Jason ni Jason es ella. No nos encontramos con un clon de bajo presupuesto, como alguno apuntó en su día. Cierto es que no nos vamos a topar con una manufactura tan buena como la saga Bourne. Hablamos, claro, de las tres primeras; de la cuarta y quinta... Pero que eso no os impida disfrutar de una película entretenida que, sin ser complicada, nos da aquello que a todos nos gusta en estas cintas de espionaje, contraespionaje y antiterrorismo.

Además nos encontramos con un reparto sorprendente: la protagonista Noomi Rapace (conocida todos por la saga Millenium y cuya carrera no hace más que mejorar), Orlando Bloom (al que la edad hace mella en su élfico rostro), Michael Douglas (que quieras que no siempre llena la pantalla) y John Malkovich (¿de verdad no lo conocéis?). Quizás se eche en falta un poco más de minutos en pantalla del señor Malkovich, pero hay que admitir que serían innecesarios. Por lo menos los cuatro mencionados, bien acompañados de Toni Collette como enlace/jefa (no está claro) del servicio secreto británico, lucen bastante decente en sus papeles. En lo personal diré que me ha sorprendido Orlando.



El director cumple. Tiene detalles buenos pero tampoco es que nos encontremos en una excelente y maravillosa película de acción. Igual aquí sí que se nota el bajo presupuesto. Aunque para asegurar eso deberíamos saber cual es el susodicho presupuesto. De todas formas su forma de presentarnos la película quizás se deba a "medios más limitados". Aún así cumple, lo vuelvo a decir, y no nos hace aburrirnos con una trama que sobre los 60 minutos nada nuevo nos va mostrar.

En resumen: película entretenida para disfrutar sin grandes pretensiones.
Lo mejor: que por fin se nos va quitando la imagen élfica de Orlando Bloom.
Lo peor: que a la hora ya sabemos quién es el malo de la película.