viernes, 18 de agosto de 2017

2.9 El Errante: las bestias de la guerra. Episodio 2 p.9

«Terminaron las presentaciones. Tiempo ahora de explicaciones y de una vieja historia que afecta el presente.»


–¡Encender un fuego delataría nuestra posición y es un lujo que no podemos permitirnos! –Decía Shárika.
–En condiciones normales no lo discutiría pero estás en el Bosque Lubre y él ya sabe donde estáis. Esta noche hará frío y la luna quedará cubierta dentro de poco por las nubes que vienen del este. Nos quedaremos ciegos y helados como un témpano de hielo –rebatía el Errante–. Por cierto, ¿a quién se le ha ocurrido la feliz idea de salir del camino?
Shárika dejó de mirar las nubes. Se acababa de dar cuenta de que si bien en la aldea había tormenta una vez entraron en el bosque ésta desapareció al instante. Ahora se preguntaba si también había dejado de llover en la aldea o era sólo un efecto localizado en el bosque por algún tipo de magia o maldición. No supo contestar a la pregunta. Los interrogados se miraron buscando la respuesta en los demás.
–A todos y a ninguno. Tan cansados estábamos que sin pensarlo nos desviamos del camino por el sendero que llevaba a este claro –contestó Sebral. Y todos asintieron.
–¿Por qué sendero? –Preguntó el Errante–. Pues si antes había alguno –continuó irónicamente–, ahora no lo hay.
Sebral dirigió su mirada hacía el lugar por donde habían venido, imitado por los demás, y allí sólo había árboles. Ningún sendero comunicaba con el camino.
–Creo que lo mejor será hacer esa hoguera –claudicó Shárika–, y montar guardia por la noche.
Miró al Errante pidiéndole muda aprobación pero éste se limitó a sentarse cruzando las piernas junto a Sebral y decir:
–Yo haré la segunda guardia. Pues la lucha no ha sido fácil y necesito descansar un poco.
–Eso nos lleva al principio de la conversación ¿Qué es un jugger? –Quiso saber Thomas mientras recogía las ramas esparcidas por el claro sin atreverse a entrar en el bosque.
–¡Diles Sebral! –Dijo el Errante con una sonrisa–. Cuéntales los orígenes del jugger. Explícales uno de los episodios más vergonzosos de la raza humana. Aquellos terribles días de La Guerra del Exterminio. Cuando los humanos se alzaron en armas contra los magos acusándoles de todos los males del mundo cegados por su odio.
–¿Qué pasó? –Preguntó Thomas a Sebral.
–Sí. ¿Qué sucedió en la guerra esa? –Quiso saber Ermis.
Sebral miró a cada uno de los legionarios y por último posó su mirada en El Errante y con una mueca de disgusto accedió:
–Está bien. Acercaros a mí y os contaré lo que aconteció aquellos días nefastos en los que el cielo se tiñó de sangre y los dioses lloraron por la locura de los hombres.


«Los sucesos que os voy a contar ocurrieron hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven –empezó a narrar sin esperar a que se acercaran a él–, los magos vivían en plena armonía entre los humanos y nada indicaba que fuera a cambiar esta situación. Todos se beneficiaban de ello. Pero dentro de los magos existía una elitista clase de poderosos engreídos que pensaban que los magos debían gobernar el mundo  pues consideraban inferiores al resto, poco más que simples animales. También, por supuesto, ellos deberían mandar sobre los magos –añadió irónicamente.
»Durante años fue el tema de conversación en sus reuniones secretas y de vez en cuando alguno de ellos –los más jóvenes e intrépidos– se aventuraban a exponer sus perversas opiniones en alguno de los cónclaves en los que se reunían los magos de todos los reinos. Quiero hacer notar que estos cónclaves tenían estrictamente un carácter lúdico y de ninguna forma eran realizados para maquinar diabólicos planes de conquista, tal y como se les acusó poco después. Pese a que las señales indicaban que algo peligroso se estaba fraguando entre ellos la mayoría hizo caso omiso llevándoles así a su perdición.
»Los ocultos, pues así pasaré a llamarles a partir de este momento, hacían sus movimientos lentamente, sin prisa, pero con una gran precisión. Su plan durante tanto tiempo preparado empezaba a dar sus frutos. Al principio parecían hechos aislados, rebeliones de algún tipo, rescates de algún pueblo en apuros, la aniquilación de alguna bestia molesta. Todos ellos provocados por aquellos que luego eran ascendidos a la categoría de héroes del lugar en cuestión. Así lograban dominar parcialmente el lugar deseado consiguiendo un destacable poder político sobre la población. Poco a poco estos lugares se fueron multiplicando llegando a poseer un poder político tal que rivalizaba con el mismísimo rey, hasta tal punto que muchas veces alguno de estos magos pasaban a formar parte de su séquito de sabios consejeros. Por supuesto que este tipo de séquito poco a poco pasaba a estar plenamente formado por magos afines al plan.
»Cerca estuvieron de conseguir sus planes de conquista, pero un algún momento de estos el Rey Vidom (del antiguo reino de Alfo, ahora parte del reino de Ellodes) se percató de lo que estaba sucediendo. Aunque algunos historiadores afirman que fue Camop “el sabio”, mago al servicio de éste, y otros se deciden por Araicos “el justo”, un poderoso mago que por aquel entonces competía en fama y respeto con Camop.
–Abrevia –indicó el Errante–, que no tenemos toda la noche.
–En fin –continuó resignado–, la cuestión es que el plan salió a la luz y los reyes y gobernantes se reunieron con los magos que no apoyaban a sus compañeros. Se decidieron acciones y se firmaron alianzas entre los reinos para combatirles. Ésta fue la primera vez que los reinos del norte se aliaron para hacer frente a un enemigo común.
«Si bien es cierto que la guerra se libró en los campos de batalla lo que ningún historiador normal –ajeno a las artes mágicas– recoge en sus crónicas son las grandes luchas entre magos que se realizaron desde entonces: En cada poblado, esquina o callejón, los magos libraban cruentas batallas contra sus hermanos, la magia bullía en las cloacas y en el rincón más perdido del mundo. Grandes sacrificios se realizaron y muchos murieron para que los “normales” vivieran en paz y con su propia hegemonía. »
»Ésta, como ya he dicho, fue la primera vez que se reunieron para afrontar al enemigo común, pero poco después hubo otra vez, por un motivo más tétrico y perverso: el exterminio. Sucedió que después de la guerra los magos, insustituibles aliados sin los cuales ahora el mundo sería diferente a tal y como lo conocemos, fueron repudiados. La gente, ignorante de que les debían su libertad y su eterna gratitud, les culpaba de todos los males, desconfiando al principio de ellos para pasar paulatinamente a un odio visceral. Los magos debieron de huir de sus hogares para buscar refugio seguro en el destierro. La Universidad, en su eterna sabiduría –añadió irónicamente–, los juzgó culpables y alentó aun más en la medida de lo posible ese odio aconsejando la pronta y total erradicación de cualquiera que utilizara la magia. Debido a ello aquí y allá surgieron grupos dispuestos a cazar al mago de turno. “Grupos de Limpieza” se hacían llamar. La caza del mago se extendió como la peste y los reyes unidos nos declararon la guerra. Los “Grupos de Limpieza”, que hasta entonces actuaban solos, se supeditaron a las órdenes de éstos, organizándose y ejecutando una limpieza sistemática de los magos; provocando un éxodo masivo al sur de los reinos del norte, entre el Gran Desierto y el Bosque de las Amazonas; en el Baluarte Natural de Liorot. Ahí se hicieron fuertes; el árido desierto les protegía el flanco izquierdo y la ferocidad de las amazonas el flanco derecho, pues poseedoras de su costosa independencia no permitían que nadie cruzara su hogar. »
»Durante ese tiempo en el exilio los magos debatieron sobre la mejor solución posible al conflicto; no faltaba quien deseaba venganza de la persecución a la que se habían visto sometidos pero esas voces se acallaron frente a las protestas de otros que no podían soportar la idea de convertirse en aquello contra lo que tres años atrás habían luchado. Entre otras decisiones que se tomaron una de ellas fue la creación de los juggers; soldados creados con la síntesis de la magia y la alquimia partiendo de desechos humanos. Las decisiones fueron llevadas a cabo con prontitud y celeridad y cuando un poderoso ejército de treinta mil hombres llegó a orillas del baluarte quinientos juggers habían sido creados. »

domingo, 13 de agosto de 2017

2.8 El Errante: las bestias de la guerra . Episodio 2 p.8

Nuevo turno "lo siento" y pedir disculpas. Por motivos de disponibilidad de fibra no fue posible la publicación semanal del fin de semana anterior. Toca pues intentar resarciros con un bocado más grande de lo habitual. Espero lo disfrutéis.


«Un claro en el bosque, tiempo de descanso, curar heridas y presentaciones»

A partir de entonces anduvieron vigilantes con los ojos clavados en la negrura del bosque mas nada más vieron hasta que el cansancio hizo mella en sus fuerzas y su animó se volcó en localizar un buen sitio para descansar. Al poco rato un claro en el bosque a pocos pasos del camino se les ofreció a sus anhelantes ojos y por unánime decisión se dirigieron a él para acampar tras la larga marcha. «Gracias a Vela.», rezó Jhiral dejando cuidadosamente a Saera en el suelo. Presto Sebral se inclinó junto a ella para volver a examinar su pierna con más detenimiento: –Creo que podré curarla, al igual que tu herida Thomas. Pero mi poder se debilitará demasiado hasta llegar a un punto que sólo podré realizar hechizos menores –explicó al resto que se encontraba expectante–. Y creo que lo necesitaremos en este lugar –dijo mirando alrededor.
Los legionarios miraron a su sargento esperando sus órdenes.
–Una princesa coja no será de mucha ayuda en la huida –reflexionó en voz alta–. Deberemos movernos rápidamente para no ser capturados por lo que si puedes hacer algo hazlo. Que de velar por nuestras vidas nos ocuparemos nosotros y si se ha de luchar... ¡Por El Primero que venderemos cara nuestra piel sea hombre o demonio!
Sebral asintió con un gesto de la cabeza. Posó su mano izquierda delicadamente sobre el hueso roto de la princesa y una luz blanquecina apareció entre sus dedos al tiempo que musitaba un hechizo de curación. La luz desapareció dando paso a las sombras y Sebral dijo: –Ya está hecho. Ahora tú Thomas –y se levantó para posarse junto al legionario herido. Con manos más hábiles que lo que se podría juzgar por su edad el anciano le quitó la bota para inspeccionar mejor la herida. El surco de una quemadura le rodeaba la parte superior del tobillo izquierdo–. Al parecer la planta no sólo te quería comer. Si no que además quería hacerlo a la parrilla. Tranquilo –calmó al ver el gesto de preocupación del herido–. Pasará pronto –repitió la operación con el legionario y su dolor dio paso a la calma.
–Ahora he de descansar. Pues mis fuerzas me mantienen escasamente en pie y mis poderes dependen demasiado de éstas –dijo sentándose junto a Saera.
–Descansa pues anciano. Poderosos son tus poderes y grande ha sido tu ayuda. Tienes bien merecido el reposo. Como ya dije antes; nosotros nos ocuparemos de velar por el resto. Pero antes de todo una pregunta ruego me respondas. ¿Quién o qué era esa cosa que nos atacó en Minwin? Pues por Seanil, diosa de la sabiduría, que parece ser que sospechas o sabes algo que nosotros desconocemos y podría sernos de gran ayuda –preguntó Shárika de pie frente a él.
–Como bien deduces algo sé. O mejor sería decir que algo sospecho, pues cierta vez leí algo sobre el guerrero rojo que hoy nos ha encontrado –dijo intentando recordar–. Es un ...
–Jugger –terminó otra voz sorprendiendo a los presentes. Al unísono los legionarios desenvainaron de nuevo sus armas y formaron un muro infranqueable para repeler el ataque, ignorando sus fatigas. En la oscuridad una figura se perfilaba entre las sombras. Un encapuchado se dirigía tranquilamente hacia ellos –Podéis envainar las espadas pues no es de mí de quien debéis esperar ataque alguno –advirtió.
Shárika reconoció en la figura al extraño que les había ayudado en la aldea y consintió a envainar su arma tras un gesto de asentimiento de Sebral.
–¡Descubríos! Pues necesitamos ver el rostro de la persona a quien tanto hemos de agradecer. Aunque quizás, al igual que nosotros, tengáis algo que ocultar.
–Lo que tengo de ocultar no os lo enseñare a vosotros pero eso no me impide mostrarme a la luz con la cara descubierta –y avanzó a ella, a la luz de la luna, descubriéndose el rostro con movimientos lentos y suaves. Pues los otros tres legionarios no habían guardado sus armas y el peligro no había pasado aún–. Y he de decir que es un placer comprobar que en la Escuela todavía imparten clases de cortesía a la vez que estrategia militar. –Y ante ella se desveló una cara antaño bella pero ahora marcada por la edad y las penurias de múltiples batallas: Un parche le cubría el ojo izquierdo del cual surgía una cicatriz; unas pobladas cejas morenas hacían juego con una negra barba de cuatro días. Una hermosa melena morena descansaba sobre sus hombros. Era una faz sonriente con un velo de preocupación.
–¿Quién sois vos? –Preguntó autoritaria. Mientras los tres legionarios rodeaban al recién llegado. El extraño rompió en una gran carcajada sorprendiendo a los soldados y cuando terminó dijo: –¿Por qué no se lo contestas tú Sebral, hijo de Seb? –todavía risueño.
Entonces los legionarios volvieron sus rostros en dirección al interpelado. Y Sebral al ver sus caras de sorpresa rió también. Con tanta alegría que el temor de todos se disipó como la lluvia limpia los residuos de la calle y la polución de las fraguas en las grandes ciudades.
–Caballeros –empezó a decir–, tienen ante ustedes a una leyenda viva. La cual responde a nombre de El Errante, también conocido por otros muchos nombres que no diré ni aquí ni ahora.
El silencio producido por la sorpresa fue quebrado por Jhiral que dijo:
–Lo veis. Ya os dije que era verdad –emocionado.
Mas el resto de los legionarios no acertaba a hablar y se limitaban a mirar al Errante con mudo estupor.
–Afortunadamente la princesa Saera está sumida en un profundo sueño. De lo contrario saltaría emocionada sobre ti –explicó Sebral–, pues ha oído demasiadas historias tuyas en palacio para tan corta edad.
El Errante le escuchó con una sonrisa en el rostro y después de abrazarle se dirigió a los otros:
–A Sebral, sabio consejero del rey, y a Saera, hija y heredera de él, ya los conozco –explicó–. ¿Quiénes sois que acompañáis a tan ilustres personajes por tan oscuros caminos? Pues sólo una de vuestras caras me es conocida. –Dijo deteniéndose enfrente de Shárika–. Y ese eres tú –señalando con un gesto de su mano izquierda a Ermis.
–Soy Ermis, de Cornayes –indicó orgulloso.
–De Cornayes, ¿eh? –Dijo meditabundo–. Que eres legionario se ve a simple vista mas tu cara me es conocida, pero no consigo recordar porqué.
–He estado siete meses en la frontera con los reinos del norte y tres meses en Trípemes.
–En Trípemes –repitió el Errante iluminado–. Entonces eres uno de los cuatro supervivientes de la incursión... ¿Cómo la llamasteis? Vosotros en la Legión le dais nombre a cada batallita en la que os veis envueltos por insignificante que ésta pueda parecer al resto del mundo.
–¡La Tercera!
–La Tercera. Supongo que la razón para tan curioso nombre es que fue la tercera incursión en los suburbios de la ciudad –dijo cavilando solo–. Sí, la recuerdo bien. ¿Supongo bien al deducir que eres uno de los cuatro supervivientes?
–¿Estuviste ahí? Entonces... ¿Por qué no nos ayudaste? –Preguntó enfadado.
–¡Pero sí lo hice! –Contestó el Errante–. Estás vivo. ¿No es así?
Ermis se quedó perplejo ante la contestación. En su interior empezó a recordar los aquellos angustiosos momentos en que huían por los callejones esquivando flechas y enemigos por igual. Oculto en un rincón de su memoria encontró el vago recuerdo de ver como los enemigos caían abatidos desde las ventanas de una de las casas. Sólo un recuerdo vago que hasta ahora no había tenido importancia. Perdido como estaba buscando por los laberintos de su mente no se percató del resto de las presentaciones y cuando acabó su búsqueda encontró a Shárika discutiendo con el Errante.

sábado, 29 de julio de 2017

2.7 El Errante: las bestias de la guerra. Episodio 2 p.7


«Quizás el camino del Bosque Lubre no sea tan seguro como dicen.»

–¡Arriba pues! Nos vamos –ordenó–. Y vigilar bien los flancos. Saera, ahora te llevará Jhiral –avisó con una sonrisa mientras miraba a Thomas. Éste suspiro agradecido. Y cuando se pusieron en marcha anduvieron con mucha más cautela pues la oscuridad reinante tenía algo que apesadumbraba los corazones e incluso el héroe más osado se sentía compungido ante el silencio que allí reinaba. Por eso que al volver de improvisto los habituales ruidos del bosque todos se asustaron y desenvainaron sus armas. El silencio dio paso al crujir de los árboles azotados por el viento; al vaivén de las ramas; a las pisadas y ruidos de animales. Y todo ello no reconfortaba en absoluto a los intrusos del bosque que pronto empezaron a preferir el silencio a aquella cacofonía de sonidos.



–Me gustaba más antes que ahora –susurró Thomas al oído de Ermis.
–Sí. Nada nos asegura que oigamos lo que deberíamos oír.
Como por respuesta a su escepticismo un gran estruendo sonó al lado izquierdo del camino. Instintivamente los viajeros saltaron al lado derecho del camino para poner más distancia entre ellos y el peligro. Después de un corto periodo de silencio los pájaros alzaron el vuelo envueltos en una algarabía y hasta ellos llegó el sonido de un gran golpe. Un árbol cayó al suelo con gran estrépito. La luna enfocó su poder y una sombra enorme se movió entre los árboles.
–¡Ahí! –Advirtió Ermis–. Es enorme.
Otro árbol cayó más lejos del camino.
–Parece ser que se marcha. Quizás no esté interesado en nosotros –dijo Sebral.
–Puede ser. Pero por si acaso... –un grito interrumpió a Shárika. Thomas gritaba desesperado mientras luchaba tumbado con una planta que se le había enredado en la bota. Sin lograrla atinar con su espada la planta le arrastraba hacia el bosque, fuera del camino. El entrenamiento y la disciplina se impusieron frente a la histeria y Ermis acudió presto en su ayuda. Con un poderoso mandoble intentó cortar la liana pero la espada rebotó dejando el tallo intacto. Thomas seguía gritando; parecía que sólo el contacto con la planta le producía gran dolor. Sebral se acercó a él y con su cayado tocó levemente la planta. La liana tembló y rápidamente soltó a su víctima replegándose hacia la oscuridad del bosque. Ermis recogió su espada y fue a mirar el porque del dolor de su compañero. Al parecer la planta había quemado la zona de la bota que tenía cogida, traspasando el cuero y dañando la piel.
–Calma, calma –le intentó tranquilizar–. Todo ha pasado. Ya no volverá más.
Pero como si hubiera oído sus palabras la planta volvió a por él mostrando su auténtico tamaño. Un gran capullo se habría ante ellos, como si de sus fauces se trataran, para intentar llevar hacia ella el alimento caído en el borde del camino. Thomas replegó sus piernas hacia el camino; Ermis se interpuso entre Thomas y la planta carnívora y Shárika luchaba con sus lianas, que como extremidades se afanaban para atrapar a los legionarios mientras Jhiral se tuvo que conformar con mirar impotente por llevar el peso de Saera encima. Sebral volvió a alzar el cayado y una pequeña bola de fuego surgió de él impactando en la planta. Ésta se incendió inmediatamente obligándola a huir de la lucha, perdiendo así toda esperanza de atraparles.
Shárika ordenó a Ermis que ayudara a Thomas y así; con Thomas apoyado en Ermis y Sebral en la retaguardia el sexteto reanudó la marcha por el bosque. Si bien el ritmo disminuyó considerablemente.
–Esto no me gusta –dijo poco después Ermis entre jadeos al oído de Thomas–, me recuerda a la Tercera.
–¿La tercera qué? –Preguntó Thomas con una mueca de dolor, apoyado en el hombro de Ermis.
–La tercera incursión que hicimos en Trípemes. En los bajos fondos para limpiarlos de la escoria que allí habita.
–¿Y eso por qué?
–Después de dos incursiones infructuosas hubo esta tercera que debía ser la definitiva: una vez logramos entrar en el cubil de los ladrones fuimos aniquilados poco a poco y sistemáticamente. Nos distraían por un lado para atacarnos por el otro mientras que nosotros sólo estábamos a la defensiva en aquel laberinto de callejuelas –explicó–. Al final sólo sobrevivimos cuatro de los treinta que allí entramos.
– ¡Ah! –dijo Thomas, demasiado cansado para decir nada más.

sábado, 22 de julio de 2017

2.6 El Errante: las bestias de la guerra. Episodio 2 p.6

«El Bosque Lubre está maldito y la muerte les sigue de cerca.»

Antaño el Bosque Lubre se extendía por la ladera oeste de la Cordillera Pétrika, al sur de Ákrita, abarcando el valle del río Sil, rodeando la aldea de Minwin. Pero la economía rural basada en la agricultura prosperó y los campos de cultivo ganaron terreno a los hermosos árboles, reduciendo su número a menos de la mitad y confinando al bosque a vivir al este del Sil; en las laderas de la cordillera. Al paso del tiempo los románticos rincones se cubrieron de sombras, su fauna salvaje se volvió violentamente despiadada y su bella vegetación creció exuberantemente al tiempo que la oscuridad se apoderó del bosque, desde entonces maldito. Poblado por jaurías de lobos sedientos de sangre, según los cazadores; gigantescas plantas carnívoras, según los campesinos; dragones de tres cabezas o cuatro, coinciden algunos aldeanos; serpientes grandes o serpientes enormes de ocho y diez metros, animales voladores capaces de arrancarle a uno la cabeza de un mordisco,... y todo ello era cierto. Pero el camino era el sitio más seguro de todo el bosque.
Y por el camino corría la compañía con el miedo pisándoles los talones. Saera tropezó y cayó al suelo sonoramente. El resto paró en seco aprovechando para echar la vista atrás. El camino se perdía a la vista entre curvas y recovecos.


–¡Vamos! ¡Hemos de seguir! –increpó Shárika.
Saera emitió un grito de dolor al intentar incorporarse. –Un hueso roto. No podrá continuar por su propio pié –dijo Sebral después de inspeccionar la pierna.
–¡Maldición! –Gritó Shárika–. Está bien. ¡Thomas! Tú y Jhiral os turnaréis para llevar a Saera.
–Será una broma –se quejó Thomas.
–Sí. ¿Por qué no paramos a descansar? ¿Podríamos pasar aquí la noche? No parece un camino muy transitado –preguntó su compañero.
Sebral interrumpió los improperios que se agolpaban en boca de Shárika: –No sabemos si el misterioso extraño habrá tenido éxito en su lance con nuestro enemigo. Y si no lo ha tenido él sabe por donde hemos escapado. Creo que lo más prudente sería seguir ahora que nuestras piernas están fuertes y el estómago lleno.
–Pues plantémonos aquí a esperarle y démosle cara –retó Jhiral.
–¡Estás loco! –Gritó Ermis–. Vistes como sobrevivió al ataque de Sebral. Acaso piensas que tu espada será más fuerte que el huracán que él creó. O nuestra habilidad mejor que su técnica. No sé lo que visteis vosotros pero lo que yo vi me dejó helado. Parecía uno de los antiguos vueltos de la guerra para demostrar que el infierno bien podía traerlo él. Prefiero extenuarme de cansancio en la huida que descansar para el último sueño.
–¡Ya habéis oído holgazanes! Thomas. Tú serás el primero –ordenó Shárika.
Así emprendieron la marcha. Iniciándola al principio a buen ritmo para ir poco a poco decelerando, pues el cansancio empezaba a hacer mella en sus fuerzas. Shárika encabezaba el sexteto; vigilante a cualquier peligro. La seguía Sebral; con rostro de amarga preocupación. Jhiral aceleró un poco la marcha para adelantar a Sebral y ponerse al lado de su señora. –Nos vigilan, señora –susurró–.
–Lo sé. También yo lo noto –contestó en el mismo tono.
–¿Qué tipo de bosque es éste que el camino cambia a voluntad y el mal acalla a los pájaros? –Preguntó.
–Quizás deberías preguntárselo a Sebral. Pues creo que él es la persona más apropiada para ello –respondió–. Pero has dicho que el camino cambia a voluntad, y sin embargo yo no veo pruebas de ello.
–Hagamos pues un alto y miremos el camino recorrido. Así sus ojos lo podrán comprobar y mis piernas descansar.
–De acuerdo –dijo ella–. Está bien. ¡Descansaremos un rato! –Anunció al resto. Thomas aliviado posó a Saera en el suelo haciéndola proferir un gruñido de dolor. Sebral observaba con cuidado los lindes del camino mientras que el resto tenía la vista puesta en el camino recorrido. Lo que antes había sido un camino angosto y estrecho; pleno en curvas y falto de tramos rectos. Ahora se les aparecía como una ancha y recta carretera. Los legionarios desorientados alternaban sus miradas entre el camino y Shárika. Ésta, por el contrario, hizo caso omiso a sus callados ruegos y se dirigió a Sebral.
–¡Sebral! ¿Cómo explicáis lo que ven nuestros ojos? ¿Acaso algún tipo de magia o encantamiento nos ha nublado la mente o la razón?
–Al contrario mi querida sargento –contestó preocupado–. Mas este bosque tiene mente propia; y otra mente más poderosa, a la vez más maléfica, es dueña de él –explicó–. Has de saber que al principio el Bosque Lubre, pues así es ahora llamado, o el Jardín Arbóreo de Minwin como lo llamaban hace mucho tiempo; era un paraíso en la tierra, la gente se enamoraba al cobijo de sus árboles, los poetas se inspiraban en sus arroyos y nenúfares para sus poemas y los juglares cantaban loas a su hermosura. Pero un desafortunado día el mal se alojó en su corazón y como la manzana podrida en el cesto la oscuridad se extendió por él hasta abarcarlo por completo. Una magia poderosa reside en este bosque. Poderosa y oscura –concluyó.
–Con magia o sin ella. Poderosa o no. Lo mejor será movernos y no parar hasta salir de este maldito lugar.
–Maldito es sin duda –musitó Sebral.

jueves, 20 de julio de 2017

Wonder woman

Maravillosa.

Sin necesidad de hacerlo Gal Gadot ya demostró en Batman V Superman que era una gran elección para el papel de la Mujer Maravilla -no sabéis como agradezco que se respete su nombre en inglés-. Callando trols y heaters de la red, fanáticos que critican antes de ver, la actriz demostró no necesitar ser Xena, la guerrera, para hacer un buen papel. Pero ahora le tocaba soportar del peso del papel principal en una producción centrada en ella. Ella era la estrella indiscutible y ha brillado con luz propia. 

Bajo las hábiles y comedidas manos de Patty Jenkins podemos asistir a un metraje justo en su emotividad; rápido y emocionante en sus momentos de acción y pausado cuando lo necesita. Como toda película inicial de superheroes es de libro -salvo alguna honrosa excepción- invertir en los inicios del metraje en el origen de poderoso protagonista. Algo que la película cumple sin hacerse pesada, sin caer en el aburrimiento para los ya versados en él -y creedme si os digo que era fácil caer-. Tras media película rodeado de amazonas nos vamos al mundo exterior. Cruel, bélico y machista mundo exterior. En donde la gracia del contraste de la educación de Diana con la realidad que sufren los mortales es llevada con finura. Sin chistes cutres o de mal gusto que podrían haber dilapidado el producto. No está exenta de momentos de acción; no en vano pasamos de un mundo de amazonas a la peor guerra de la humanidad y podemos asegurar que dichos momentos están tratados con la épica y resolución adecuada para que ni parezcan de cómic -dicho sea de paso que es lo que realmente estamos viendo- ni sean aburridos. Son momentos en los que la espectacularidad de la acción no resta dramatismo al desastre de la humanidad que se nos está mostrando.

Todo esto reforzado con un muy acertado elenco de actores que, cada cual en su sitio, sobresalen sobremanera incluso en papeles tan cortos como la secretaria de Chris Pine. Al respecto de este actor sorprende ver lo ajustada que está su presencia en pantalla en un papel que ni es principal -ella es la principal, y solo ella- pero tampoco se queda en secundario. Todo bien ajustado a lo que realmente es también en el cómic; un personaje semisecundario con altibajos en su relevancia en la historia sobre el papel. Sin duda también una sabía elección con actor escogido. Que dado quien es bien podríamos sospechar que volverá a aparecer en la saga. ¿Díficil? ¡Por Dios, estamos hablando de un tebeo!
Los efectos especiales, la ambientación y el diseño de producción han sido especialmente cuidadosos para reflejar lo más fiel posible el mundo amazona y sus enemigos. Especialmente asombrado me quedé cuando se nos muestra Ares en todo su esplendor. Igual, igual que en los clásicos de los ochenta.

En resumen: una muy buena película de superheroes que rehusa el humor fácil para darnos todo un espectáculo cinematográfico. En la línea de Batman V Superman y el Hombre de Acero.

Lo mejor: que no se te hace larga. Que te dejas llevar hasta el final.
Lo peor: el doblaje en castellano de las amazonas. ¿Era necesario ponerles ese acento extraño, casi suramericano? Creo con sinceridad que hay lo han fastidiado.


diferentes trajes de Wonder Woman incluído el de la película.



martes, 18 de julio de 2017

Life

¡Está vivo!

Mira, es Deadpool.
Hace pocos meses que estrenaron esta película y ya está en el videoclub. Esto puede significar dos cosas, o que era muy mala y pronto quieren recuperar lo invertido o que no era muy buena y prefieren mantener fresco el recuerdo de su marketing para rentabilizar su venta. De todas formas cuando algo así sucede ya te mosquea. Os haré un resumen para poneros en situación: una estación espacial -sí, la internacional ¿cual si no?- recoge muestras de Marte y entre esas muestras encuentran una célula que consiguen revivir de su letargo y así se cuelgan una medalla de haber encontrado vida en el planeta rojo. Por supuesto que la cosa se complica. La célula se multiplica y el organismo extraterrestre crece sospechosamente rápido y el cientifico tonto se encariña con él y el científico graciosete se emociona como siempre y el jefe de la expedición se lo toma muy en serio y el arquetipo de turno hace lo que nos tiene acostumbrados. Y así mientras van cayendo como moscas por algún acto o situación estúpida o medianamente justificada.

Dicho esto quizás os pueda parecer una mala película. No. Bueno sí. Muy buena no es. Pero tampoco es para crucificarla. Solo que la historia en realidad no aporta nada nuevo al resumen de arriba. ¿Verdad que os suena haber visto algo así alguna otra vez? La dirección no falla. Cumple. Que es más de lo que se puede decir de otras. Me alegra comprobar que Daniel Espinosa deja de dar rodeos para centrarse en lo que estamos viendo. Una película de terror espacial. Puede que haya aprendido de su anterior trabajo «El Niño 44»; en donde también se rodeaba de actores de renombre para alargar el metraje sin sentido.
Viendo la sorpresa final estoy casi seguro de acertar al indicar que los desaciertos del guión deben de tener poco que ver con el director. Sin embargo los hay. Sobre todo a partir de los primeros sesenta minutos. No es que sean de tal envergadura para dejar de verla pero sí son, en cierta manera, chocantes. «Les saldrá mal, todos los planes le salen mal por una u otra razón. Este también.» Dijo alguien en mi salón. Es que llevado un tiempo ya ves que todos sus planes de superviviencia están abocados al fracaso más vergonzoso.

Una célula es, por definición, biológica. ¡¡¡Siempre!!!


Por otro lado, si ignoramos este guión tramposo veremos una película entretenida con un buen reparto que bien nos podrá hacer disfrutar de su hora cuarenta de duración. Yo personalmente, pese a sus fallos, sí la disfruté. Aunque no pasará a los anales del cine de terror salvo, quizás, como pie de página.

En resumen: ver sin complejos y, tal vez, olvidar.

Lo mejor: la puesta en escena y Kevin.
Lo peor: mucho científico sabiondo y nada les sale bien.








sábado, 15 de julio de 2017

2.5 El Errante: las bestias de la guerra. Episodio 2 p.5

«La huida se complica, ni la magia puede con él.»


Presto la compañía dejó la comida y empezó a correr hacia la parte posterior de la posada para abrir la puerta trasera del almacén y salir a un callejón.
La lluvia que amenazaba tormenta había cumplido su promesa y arreciaba furiosamente contra el suelo envuelta en un viento que circulaba enojado por el callejón. El estrépito ahogaba el sonido de los acontecimientos del interior de la posada. 
–¡Seguidme! –Ordenó Shárika tomando el mando. 
Encabezando al grupo llegaron al final del callejón, un cruce entre calles; la opción de virar a la izquierda les llevaba afueras de la aldea, hacia el bosque que terminaba bruscamente a escasos metros del final del callejón a seguir. La otra opción era girar a la derecha, les permitiría rodear la posada para desembocar a la calle principal, que quizás fuera la opción más segura. Shárika vaciló un instante: «Si hubiera más guardias habrían entrado en la posada.», concluyó.
–Por aquí –dijo tomando la ruta de la derecha.
En ese momento, al otro lado del callejón, en la calle principal apareció la figura de un guerrero; Los relámpagos iluminaban su casco rojo, usado sobre una cota de malla roja, que le protegía los ojos como si de una máscara se tratará. Una larga melena negra con mechas blancas descendía por su cubierto cuello para perderse en los pliegues de su capa escarlata. Lentamente desenfundó su espada de dos manos y la apoyó en el suelo retando al grupo. Pacientemente con sus manos apoyadas en la intrincada empuñadura esperó bajo la tormenta. Otro relámpago se reflejó en su armadura granate: ésta le cubría el torso sobre la cota de malla que se perdía en sus brazos, en donde vestía sendos guanteletes rojizos. 
Una larga y enmarañada barba blanca cubría el resto de su rostro. Shárika detuvo al grupo y observó al enemigo. Su figura mostraba un poderoso guerrero seguro de sí mismo, con templanza y nervios de acero. Pero sus ojos, sus ojos negros y profundos, indicaban una experiencia rica y misteriosa. Como si de un viejo libro cuarteado se tratara que al abrirlo mostrara enseñanzas perdidas de un tiempo remoto. Sus atrayentes ojos desvelaban un inmenso poder dormido en la cuna del tiempo.
–¡Apartad! –Ordenó Sebral. Al instante empezó a musitar unas palabras que poco a poco fueron adquiriendo una melodía misteriosa. Levantó su mano derecha al cielo tormentoso mientras alzaba la voz. El viento pareció venir de todos los lugares atraído por una fuerza mágica para concentrarse en la palma de su mano alzada. El guerrero continuó inmutable. Sebral bajó la mano apuntándole directamente y, como si de un puñal se tratara, le arrojó toda la fuerza del viento que había logrado convocar. El impacto fue tal que hizo temblar la tierra y las casas de alrededor. El guerrero voló tres o cuatro metros para caer de espaldas al encharcado suelo, en medio de la cenagal calle.
Todos miraron a Sebral con asombro.


–¡Magos! –Dijo despectivamente Thomas para ser reprendido por un golpe de Jhiral en la espalda.
Pero Sebral seguía mirando al frente y pronto la alegría pasó como si nunca hubiera llegado. El guerrero rojo se reincorporaba tranquilamente metiéndoles el miedo en el cuerpo.
–¡Dejádmelo a mí!
 El extraño apareció por el mismo callejón por el que habían huido de la posada: –¡Marchaos de aquí!
–¿A dónde? –Quiso saber Sebral.
–Al bosque. ¡Rápido! –Apresuró al ver que el guerrero recogía su arma del suelo.
El grupo entero giró la vista hacia el bosque en los lindes de la aldea y donde antes había una tupida vegetación infranqueable ahora veían un prometedor camino entre los árboles. 
Corrieron por él internándose en las profundidades del bosque sin pensárselo dos veces.